Reconstruida Por Amor

Hace unos meses me enteré de que existe una palabra para describir a las personas que son altamente sensibles: “Empaths”

No se como se traduce al español, pero el término significa “personas con una habilidad paranormal para entender el estado emocional o mental de otro individuo” Es diferente a la empatía, y es mucho mas complejo que solo ser muy sensible. Son personas a las que las energías de los demás los afectan de sobremanera. Los lugares con muchas gente les resultan agotadores, son altamente creativos, pueden sentir las energías de los lugares donde están, prefieren las cosas nuevas que las viejas porque estas traen energías de sus anteriores dueños, ver violencia y noticias aunque sea en la TV les afecta mas que lo normal, a veces pueden sentir lo que están sintiendo algunos animales y hasta el sobre peso puede tener una explicación para los “empaths”.

Es complicado de resumir por aquí, y tampoco soy experta en el tema, pero los invito a buscar el termino y leer mas de este si es algo que les interesa. A lo que voy, es que llevo meses de leer como lo que he sentido durante 40 años de mi vida tiene un nombre y lo “padece” mucha gente. Antes pensaba que yo simplemente era una persona con poca energía y que fácilmente me sentía drenada. Ahora puedo ver las cosas desde una perspectiva muy diferente.

Mi vulnerabilidad era algo que yo amaba y odiaba al mismo tiempo. Solía pensar que el hecho de que me afectaran tanto las cosas era una debilidad, un castigo. No me gustaba admitir que las cosas me afectaban tanto. Me sentía desgastada por lo que algunas personas me transmitían y por una serie de energías negativas a mi alrededor que yo no me conocía lo suficiente como para saber manejar.

Hasta que Noah y Gael murieron fue que yo empecé a conocerme. No me lo propuse, simplemente me fue necesario para sobrevivir. Empecé a preocuparme por mis necesidades emocionales, a buscar mis espacios de soledad en los que suelo “restaurar” mis niveles normales de energía. Comencé a ser transparente y honesta con lo que tenía en mi corazón a diario. Empecé a escribir y a hacer catarsis de todo lo que necesitaba “sacar” era eso, o morir de tristeza. Era descubrir mis maneras de sanar a diario, o enfermarme del dolor. No había un punto medio, era uno u otro.  No ha sido fácil, todavía casi 5 años después hay días que son profundamente difíciles.

Después de años de dolor, llegó el momento en el que después de haber sido completamente quebrantada debía reconstruirme: lo mas natural era hacerlo desde la ira, la tristeza, la culpa y desde la intolerancia. Pero también estaba la otra posibilidad:  reconstruirme desde la comprensión, el perdón y la empatía.

Podía decidir reconstruirme desde el amor, el Amor de ellos dos.

Así fue como el dolor me hizo conocerme mejor, conectarme con mis necesidades emocionales y cuidar más de mis sentimientos y de mi corazón. Escoger mejor de cuales energías me rodeo y no sentir culpa cuando necesito distancia o descanso.

Gracias Noah, Gracias Gael ❤

Gracias a su Amor continúo este legado, el trayecto que me fue asignado pero también el que escogí.

Lágrimas? Siempre.
Dolor? De seguro.
Tristeza? Hay días en los que es absoluta.

Pero Amor…del que transforma y descubre a diario. Gracias hijos, por tanto.

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¿Hablemos del Dolor en Vivo?

Octubre es el mes en el que las mujeres que hemos perdido hijos recordamos y hablamos de lo importantes que son en nuestra vida, aunque ya no estén. Yo acostumbro a hablar de Noah y Gael siempre, pero me encanta que hayan designado una fecha para romper el silencio acerca de las historias de nuestros hijos. Hace días yo decidí hacer lo mismo, pero de una manera diferente…

Desde que empecé este blog me han escrito cientos de mujeres que han perdido hijos. Cada mensaje que leo me rompe el corazón. Siempre recomiendo los mismos recursos que son maravillosos para el duelo: las revistas en línea, los grupos de apoyo, los blogs. Pero hace semanas tengo una idea en mi cabeza que no me deja en paz, así que… después de hablar con algunas de las personas mas cercanas a mi proceso de duelo, tomé la decisión de hacerlo. Es algo atrevido para mi, quizás para cualquiera que ha pasado por este infierno, pero en mi corazón algo me dice que es el momento. Les explico mejor:

No todos los hombres y mujeres pueden ir a grupos de apoyo: a mi por lo menos mi horario de trabajo me lo impide. Habrá quienes además se sienten muy expuestos o inseguros “en vivo”. Los recursos en línea son maravillosos pero no hay interacción inmediata. Así que me gustaría que hagamos una cita, una transmisión con un chat en vivo donde podamos hablar del dolor. Un grupo de apoyo virtual donde hombres y mujeres, desde la comodidad de su casa puedan llorar, preguntar, reclamar o tan solo ser escuchados y leídos por otras personas con experiencias similares. Además de hacer comunidad, creo que de esta manera también podemos indirectamente proveer información a la gente que nunca ha pasado por este proceso, podemos darles mejores herramientas por si algún día les toca ayudar a alguna amiga o familiar a través de tanta oscuridad.

Voy a transmitir en vivo desde mi perfil personal de facebook el domingo 23 de octubre a las 5:00 pm. hora de Costa Rica. Espero que me acompañen y que participen con preguntas, comentarios o tan solo escuchando y leyendo a los demás. Se que toma algo de valor ser parte de algo así, pero es importante romper el silencio de todas las maneras que podamos. Me pueden acompañar desde cualquier parte del mundo. Hablaré de Noah y Gael por supuesto y de su historia, pero también de como he llevado mi proceso de duelo en estos casi 5 años. Espero su apoyo, de hecho lo necesito!! Conversemos, compartamos, rompamos el silencio y hablemos de nuestros amados hijos sin tabúes.

“Hablemos del Dolor” Chat en vivo para padres que han perdido hijos

Transmitido desde el perfil de Facebook: Maripili Araya

Domingo 23 de octubre 5:00 pm hora de Costa Rica

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Un Resfrío No es la Muerte

Pero a veces para nosotros las mamás, se siente como si lo fuera.

No he dejado que La Ansiedad hable durante todos estos años, mas de cuatro. La he silenciado cada vez que quiere escribir. No se lo permito.

Pero hoy no se porque, creo que es tiempo de soltar. Porque todo le aterra.

Y yo estoy cansada de vivir con miedo.

De todo.

Miedo talvez no sea la mejor palabra para describirlo, es más como pánico ó terror. De las piscinas, de las escaleras, de los accidentes de tránsito, de los ascensores, de los resfríos, los golpes, las caídas, el mar, las enfermedades, de que se ahogue con un objeto pequeño… mencioné las escaleras? Ahhh si. Esas ya estaban dentro de la lista. Miedo de ir manejando y pensar si está bien “amarrada” a su silla que con sus casi 2 años aún se sitúa hacia atrás por temor o precaución, no se cual de las dos predomina.

Y el Zika? Ahh no, el dengue. O miedo de las infecciones respiratorias que le quitan la vida a algunos pequeñitos. Miedo a la diabetes, la desnutrición, hasta los terremotos. Sueno como una loca? Perdón.

No quiero ni ver escrito lo que Ella piensa todo el día. Pero bueno, le permití hablar así que ahora que le di su espacio cuesta trabajo que vuelva a hacer silencio. Me despierta en las noches preocupada por lo que aun no ha pasado. Preocupada por Ilana, por Eva. Preocupada de como será mañana, si será igual que hoy o si en un segundo puede cambiar todo… como con Noah, como con Gael.

Después de la muerte de un hijo la vida nunca vuelve a ser igual. La alegría es mas intensa, pero la tristeza también. Nada se toma por sentado, los momentos y las personas que amamos toman otro significado, se disfrutan diferente. Todo se ve con otra óptica, ansiedad incluida. El miedo aparece mas a menudo, pero el amor también. Los nervios están a flor de piel, el dolor y los recuerdos también. La Ansiedad forma parte de mi día con día, es una constante en mi vida. Un recordatorio de que me marcó la historia de amor que no tiene fin, aun cuando esta vino teñida de angustia y preocupación sigue siendo una gran historia de amor.

Sin fin.

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El Amor Lo Vale

“El Amor vale el extraordinario dolor que a veces ocasiona.”

Aunque en la tumba de Noah y Gael yacen sus cuerpos, ahí no están ellos dos. Me tomó tiempo, pero lo logré entenderlo despues de años de confusión. Aun así, he logrado comprender que en ese lugar yo enterré mas que sus restos. Enterré mis sueños e ilusiones, las de verlos crecer cada día, las de verlos empezar proyectos y conocer sus gustos y personalidades.

Enterré sonrisas y abrazos, no los de hoy ni los de ayer… sepulté los abrazos y besos que debería de tener todos los días. Cada día entierro algo en este lugar cuando los imagino, entrando a clases, en sus uniformes. Cuando de noche beso las mejillas de Ilana o Eva pero me faltan las de ellos.

Entierro cada día los recuerdos que nunca fueron . Las esperanzas de tenerlos muchos años conmigo.

Sepulto cada día el anhelo de tener a mi familia completa.

La otra noche Ilana hizo algo que nunca había hecho, y que desde ese día nunca volvió a hacer. Se despertó en la madrugada como a las 3 am y se tomó su leche como de costumbre, pero esta vez no se volvió a dormir. Comenzó a moverse entre dormida y despierta. No se despertaba por completo pero tampoco lograba un sueño profundo. Daba vueltas de un lado al otro y como duerme en nuestra cama yo no podía tampoco dormir de sentirla tan inquieta.

De repente hizo algo que sí hace desde pequeña: se adhirió a mi cuerpo por completo como buscando calor y normalmente cuando hace eso cae dormida, pero ese día no. Entonces se subió en mi pecho y acomodó su cabeza ahí. Me abrazó. Yo renuncié a mi sueño solo para sentir ese momento tan nuestro de noche. Sin advertencia alguna, tomó mis mejillas en sus manos y empiezó a darme besos… uno, dos, tres, cuatro, cinco hasta unos ocho besos… en mi cara y en mi cuello. Me abrazaba. No podía creer la belleza de lo que estaba sucediendo. Me conformé con disfrutarlo mientras estabamos tan unidas, conectadas corazón a corazón. Eventualmente se durmió y yo hice lo mismo… sumida en una alegría inexplicable.

Al despertarme al día siguiente mi primer pensamiento me aclaró todo. Los besos venían de parte de los tres. Lo interpreté con el corazón y fue fácil entenderlo de esa manera. El “ataque” de besos en la madrugada no fue una casualidad, si leo entre las líneas. Tanta ternura mezclada con tanta inocencia tiene su origen claro para mi. Pasé la mañana inmersa en el dulce recuerdo de esos 30 minutos. 

Me siento realmente bendecida de que mi conexión con ellos dos se mantenga tan viva. Aunque sea todo lo que tengo, eso y recuerdos. Lo demás lo entierro a diario y como duele, pero el amor lo vale.

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Mi Hijo Nació ¿Porque No Me Preguntaron si Quería Verlo? 

Hay cosas que he tenido que ver que hubiese deseado nunca haber visto. Mis dos hijos muertos, en su ataúd blanco, con sus ropitas blancas no son una de esas.

Mientras estuve internada en el hospital no pude ver a Noah cuando nació. No porque no pude, no. No vi a Noah porque no me dieron la opción de verlo. Tengo que repetir ese pensamiento para creer que me sucedió, aun 4 años después: Mi hijo nació muerto y no me preguntaron si quería verlo. Mi esposo si lo vio, todavía arropadito con las mantas del cuarto de cirugía. Le tomó (por iniciativa propia) una única foto, la cual en ese momento no sabíamos que se convertiría en uno de nuestros mas grandes tesoros.

Pero y a mi!? A mi nadie me recomendó verlo. Nadie, nunca me dijo lo que me ayudaría a sanar en el camino tener una imagen conectada con su nombre. Poderme despedir en privado. Poderlo abrazar. Y aunque hubiese dicho que no quería verlo, hubiese querido que fuera MI decisión.

Estimados señores del Hospital San Juan de Dios: era mi derecho escoger si quería verlo. Era SU deber preguntarme si quería pasar tiempo con el, independientemente de mi estado de ánimo o de mi estado físico.

Creo que hay mucha gente que vive hermosos años con sus hijos que luego mueren… tienen muchas fotos con ellos, y después no quieren recordarlos muertos. Entiendo eso y lo respeto completamente, pero no es mi caso.

Gael nació vivo. Apenas llegue al cuarto luego de la horrible recuperación post cirugía, pedí verlo. Las enfermeras me dijeron que primero tenía que concentrarme en recuperarme yo y que después habría tiempo para verlo a el. En serio, eso me dijeron…

Supongo que el pediatra habló con ellas y les explicó que Gael no tenía tiempo. Las hizo cambiar de opinión, porque a las 2 horas mi esposo me estaba empujando en silla de ruedas para ir a verlo. Llegué hasta donde el estaba sola, bueno junto a mi esposo. Nadie nos instruyó si lo podíamos tocar o abrazar. Fue el encuentro mas torpe que me podría imaginar. Yo en estado de “shock”, Gael completamente entubado, sin vida ni movimiento ni llanto, mi esposo tratando de “ser fuerte” para mi. Nada era como debía haber sido, y no había nadie que nos guiara por aquel horrible trayecto.

Cuando Gael murió era la media noche. Mi esposo llegó a darme la noticia a un cuarto lleno de mujeres embarazadas o con bebés recién nacidos que me acompañaban, ahí en silencio lloramos abrazados. No teníamos donde ir.

Fue 3 días después, cuando los enterramos, cuando finalmente recibí algo de guía de alguien que se apiadó de nosotros. Yo pedí que la ceremonia se hiciera con el ataúd cerrado, porque no quería que nadie los viera. El pastor Milton Rosales dirigió la ceremonia en una diminuta capilla, de la ceremonia no recuerdo ni una sola palabra, pero al despedir al puño de gente que nos acompañó y decirles que se dirigieran hacia donde iban a ser enterrados Noah y Gael, se volvió hacia Hiram y yo y nos dijo:

“Quédense aquí a solas en la capilla, vean a sus hijos y despídanse de ellos… tómense su tiempo porque es importante, los esperamos allá”

El mejor (y casi único) consejo sabio que recibí en medio de todo ese dolor. En todos los días que estuve internada ni una sola enfermera tuvo palabras acertadas, empatía suficiente para sostenerme de la mano o la inteligencia emocional de consolarme aunque fuera con un abrazo. Y bueno, no vayamos tan lejos, hasta un cuarto aparte para poder llorar hubiera sido de gran ayuda.

Tengo que admitir que mi Dr fue un angel, pero estuvo poco presente hasta después de que los enterramos. Me rompe el corazón pensar que todos los días hay mujeres pasando por lo mismo en ese hospital, pero me duele todavía mas pensar que pasan por las mismas circunstancias con esas sutiles agresiones o negligencias.

¿Que nos pasa?

¿Que hace falta para que esto cambie? ¿Solo yo tuve una experiencia tan inhumana en un hospital público o hay otras como yo? ¿A cuantas les ofrecieron ver a sus bebés? Me ha tomado 4 años poder hablar de esto con mas claridad, talvez hay muchas que como yo se sienten “incapacitadas” de hablar. O tienen miedo, yo antes lo tenía, pero ahora no. Hablo porque importa, y porque no solo importan mis hijos y mi experiencia (porque ya pasó) si no que importan las mujeres que a futuro les va a tocar enfrentar este dolor.

Por ellas y por ellos, de ahora en adelante, a mi nunca me encontrarán callada.

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Cicatrices

Noah y Gael van a cumplir 4 años el 5 de enero del 2016. Me cuesta creer cuanto tiempo ha transcurrido desde la peor tragedia de mi vida, cuanto he cambiado, cuanto he dolido.

Hace unos días una amiga tuvo a su bebé en el Hospital San Juan de Dios y como lo mas “normal” del mundo publico una foto donde aparece con su bebé usando la bata de ese lugar.

Esa imagen me afectó en lo mas profundo de mi ser.

Tuve que cerrar los ojos para contener las lagrimas, respirar lentamente, porque el estómago se me hizo un puño, mi corazón empezó a latir mas fuerte y sentí una enorme repulsión… hacia el color, la forma de los botones, casi podía sentir la tela entre mis dedos. Me trajo imagenes tan frescas a la mente de mi cuerpo con ellos vivos, y del vacío después. De Gael en la unidad de cuidados intensivos lleno de tubos, inerte, pero luchando por su vida. De mirar mis débiles piernas queriendo obligarlas a saltar de esa horrible cama para salir de ahi, pero no poder.

De no poder. Cambiar. Nada.

De querer irme ir con ellos.

De no entender que estaba pasando, porque yo seguía aquí y ellos no, de creer que todo era una horrible pesadilla de la cual despertaría con ellos riendo entre mis brazos.

De mis cicatrices.

Después de la cesárea de emergencia me tomó semanas tener el valor de mirar la herida. Cuando la vi por primera vez le comenté a mi esposo que había quedado un poco en forma de U. “No” me dijo el “En realidad parece como dos letras U” La volví a mirar…

[Ahhh… como 2 sonrisas] pensé en mis adentros.

Esa cicatriz era mi prueba de que la pesadilla era real. De que a pesar de que mi anestesia fue completa porque pateaba, temblaba, lloraba y gritaba todo había sucedido mientras yo dormía. Todo lo que una mamá no quiere vivir nunca.

Las cicatrices duraron en sanar, las de adentro y las de afuera. Por unos meses pensé que mi útero nunca iba a poder concebir vida de nuevo. Todo parecía sanar tan lento, y yo solo los quería a ellos de vuelta en mi cuerpo o fuera de el.

Solo los quería a ellos dos. A como diera lugar.

Las cicatrices de mi cuerpo sanaron y cambiaron con el tiempo. Las de mi corazón no tanto. Ahí están, a veces me parece que intactas… como el día que vi en esa bata reflejada mi historia de muerte y dolor. Era como si pudieran reabrirse y regresar al día 1. Como si todo lo que han sanado retrocediera y estuvieran otra vez en carne viva, nuevas, frescas. Inéditas.

Mis cicatrices no las cambio por nada del mundo porque representan su historia. ¡Pero cuanto duelen! Son los rastros de su memoria. Las heridas que se ven y mas importante: las que no se ven. Continúan existiendo, aunque a veces se disfrazan  bien, en otras ocasiones se muestran resplandecientes, a veces hasta deslumbrantes.

Huellas, marcas, trazos.

Testigos del amor que me transformó para siempre. 

 

Lo Importante de Llorar

Lo importante de llorar de vez en cuando, es que puedo sacar de alguna manera lo que tanto trabajo me cuesta llevar por dentro: el tormento que siente mi corazón que ya tan poco comparte con los demás. Es como si fuera algo que se ha convertido en mío. Antes hablaba mas de ustedes, ahora no. Mi boca decide guardar silencio y se me queda todo por dentro. Solo cuando lloro libero.

Un día, dos días.

Un minuto, una hora.

Una lagrima o unas cuantas…

Suelto lo que llevo apuñado en el corazón: dolor, amor… la necesidad de abrazarlos sin conocer sus cuerpos. El deseo de que sus corazoncitos aun latieran. La frustración de no haber podido cambiar el desenlace, el suplicio de recordar la tragedia.

No puedo resistir el bálsamo que es llorar. Tampoco puedo, al recordar mis días con ustedes, dejar de sentir que me faltan… con cada parte de mi alma, cada parte de mi espíritu, cada parte de mi mente y de mi cuerpo. Es como que todo mi ser quisiera gritar, lanzarse al vacío para escapar lo que me persigue a diario. El dolor de que no están conmigo, o tal vez si, pero no como yo quisiera.

No quiero imaginar la descomposición de sus cuerpecitos, los que tanto amo. Quiero quedarme con la imagen de sus almas libres pero la pesadilla de su diminuto ataúd blanco me persigue.

Por eso necesito llorar.

Solo de vez en cuando.

Cuando ya no soporto.

Hace tanto no los sueño, quisiera que me visitaran de noche… nunca tengo miedo cuando son ustedes. Es como que volviera a estar completa cuando los siento conmigo. Mientras tanto lloro, porque me alivia, porque lo necesito. Cuatro años después y aun, porque seré su mamá toda mi vida.

Espero ansiosa del reencuentro que ansío esté lleno de risas y pueda dejar atrás las lágrimas, para siempre.

Juntos los tres, como antes. Juntos los tres como siempre.

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