El Día Que Morimos Los Tres

El 5 de enero del 2012 yo tenía casi 28 semanas de estar embarazada de Noah y Gael. Estaba internada en el Hospital San Juan de Dios, y llevaba 2 días ahí porque el doctor me dijo que prefería que estuviera monitoreada por si sucedía una emergencia inesperada. Yo estaba de acuerdo con que era mejor tener la supervisión del equipo médico para evitar cualquier desgracia.

Accedí a internarme en un cuarto con unas 5 embarazadas más.

Sala 4, cuarto 4. Ya ni quiero recordar…

Era un cuarto compartido con otras mujeres en gestación y ¿quién puede dormir en una sala así? Es una buena pregunta, las enfermeras hablaban a todo galillo en la madrugada, encendían luces y hacían ruido como que no les importara que, tal vez, alguna necesitaba descansar. A las 5:00 am, después de unas 5 horas de (mal) sueño, me despertó una enfermera con un modo que yo interpreté como grosero:

“Tiene que levantarse, le van a cambiar las sábanas.“

Llevaba 6 meses en reposo absoluto para tratar de preservar la vida de mis hijos gemelos que padecían del Síndrome Transfusión Feto Fetal: una complicación severa que afecta entre un 10% y un 15%​ de los embarazos de gemelos idénticos que comparten placenta. Mi tamaño era gigante, mi musculatura estaba en cero, con costos podía caminar. Nadie me ayudó a salirme de la cama pero de alguna manera lo logré.

Todavía medio dormida, desvelada y con frío me senté en una silla a esperar mientras me “hacían el favor” de cambiarme las sábanas.

5:10 am “Vaya báñese que ya es tarde” me dijo otra enfermera.

5:15 am Me metí al baño que todas compartíamos, para lavar mi enorme barriga y cuerpo con sandalias en mis pies, que ni siquiera podía ver por mi gran tamaño… Rezaba por no caerme y por terminar rápido porque hacía tanto frío.

6:00 am llegó el desayuno, no recuerdo si desayuné.

7:00 am pregunté si el médico me iba a ver, pues llevaba 2 días sin verlo. Lo único que me habían hecho era escuchar los corazones de los bebés por doppler (un aparato para escuchar los latidos del bebé) y a veces les costaba encontrar uno de los dos latidos. Si me hubieran mandado a hacer un ultrasonido al ver que era difícil escuchar ambos, el final de mi historia hubiera sido diferente.

 Pero ellas se lo tomaron a la ligera, hasta bromeaban entre ellas cuando les costaba escuchar los latidos de uno de los dos gemelos.

Esas bromas fueron sin duda las mas caras de mi vida, me costaron la vida de mis dos hijos.

“Sí, hoy va a ver al Dr. pero tiene que esperar” me contestó una de las enfermeras.

8:00 a.m…

8:30 a.m…

9:00 a.m…

9:30 a.m…

Solo quería llegar al ultrasonido y que me dijeran que Noah y Gael estaban bien. Era lo único que me hacía soportar el hecho de valía la pena estar internada en ambiente así.

10:00 a.m. Llegaron con una silla de ruedas por mí. Al fin!! Un ultrasonido para saber si estaban bien… Ya habían pasado 2 días después de su procedimiento de amniocentesis cuando extrajeron líquido amniótico de la bolsa de uno de los gemelos.

Entré a la sala del ultrasonido y estaba feliz de ver a mi doctor. Por fin una cara conocida después de días de ver solo rostros desconocidos. Es desesperante estar internado, y encima las horas de visitas son complicadas. ¿Quien pensaría que uno paga tanto por un servicio así?

Empezó el ultrasonido. Podía ver que la cara del doctor cambiaba.

–Pregunté si todo estaba bien.

–“Déjeme terminar de ver todo” me respondió.

Esperé.

El ambiente se sentía mal. Muy mal.

Al fin el Dr. decidió romper el silencio.

— “Hay que hacerle una cesárea de emergencia, los gemelos no están bien”

— “Qué? Cómo? Qué pasa?”

— “No creo que Noah logre sobrevivir y a Gael tiene como un 50% de probabilidad de sobrevivir”

Empecé a temblar.

–“Que hago? Llamo a Hiram?”, le dije.

–Sí, por favor. Respondió.

Llamé a mi casa, contestó mi hija mayor, Eva ,que estaba con amigas. Quería soltarme en llanto pero le pedí que me pasara a Hiram.

“¿Hiram? Me acaban de hacer un ultrasonido y el doctor dice que los gemelos no están bien, el cree que Noah no va a sobrevivir y le da a Gael solo 50% de posibilidad de sobrevivir. Necesito que vengás ya, me van a hacer una cesárea de emergencia”

Colgué y empecé a llorar descontroladamente.

Llegué a la sala de preparación para la cirugía, había mucha gente a mi alrededor pero yo me sentía sola. Todos susurraban. Me hacían de todo con mucha urgencia, excepto verme a los ojos.

Llegó un pediatra desconocido y se puso a leer el expediente.

“¿Ella sabe?” preguntó de repente… Todos volvieron a ver para otro lado, nadie le respondió. Volvió a preguntar: “¿Ella sabe!?” y de nuevo nadie le contestó. Todos se pusieron a hacer otras cosas…

–“¿Que si sé que?” le pregunté.

—“Que uno de los gemelos está muerto!?”, dijo mirándome a los ojos.

No respondí. El corazón se me terminó de despedazar por completo.

¿Cómo es que estaba sola en un momento así? Por otro lado ¿Cómo es que ese pediatra me habló así sabiendo que me encontraba sola? Empecé a temblar, a llorar y a gritar descontroladamente. El aire me faltaba.

Vi una mascarilla de anestesia acercarse a mi cara: “Maripili respire profundo” me dijo una voz. Tres respiraciones y estaba fuera.

12:00 mediodía me desperté. Al lado de mi cama estaba mi primo que es médico. Fue la primer cara que vi.

–“Noah está muerto?” le pregunté.

Accedió con su cabeza, mirándome a los ojos.

–“Gael está vivo?”

Volvió a acceder, siempre mirándome a los ojos. “Está en cuidados intensivos”

–“¿Hiram?”

—“Esta afuera, voy por él”, dijo mi primo.

Llegó Hiram, me tomó de la mano. A ambos nos consumieron las lágrimas. Lloré abrazada a su hombro, al fin un hombro de alguien que sintiera algo conmigo.

Entre la 1 y las 2 pm me llevaron de nuevo a la sala 4: al cuarto que compartía con otras mujeres embarazadas, solo que YO YA NO ESTABA EMBARAZADA. Tampoco tenía a mis hijos conmigo.

“Usted necesita levantarse y caminar” me dijo una enfermera después de estar ahí un rato.

–“Quiero ver a mi bebé, a Gael” le dije.

–“Ya tendrá tiempo para verlo” me dijo “ahora preocúpese por recuperarse usted”.

Me di cuenta de que había otra enfermera en el escritorio estudiando mi expediente y no le hizo muy buena cara a la que me hablaba. Yo no entendía nada. No sabía que estaba pasando. Aparentemente a la enfermera que me hablaba no le habían pasado la noticia de que mi Gael se iba a morir.

—“Tiene que bañarse”, dijo otra enfermera, quien llegó a continuar con el tormento…  parecía ser como un deporte.

— “Aquí está su mamá, como su caso es especial vamos a dejar que la acompañe”

¿Especial? Estaba rodeada de embarazadas que no sabían que perdí a un bebé y las enfermeras me consideraban ¿“especial”?

Todas coincidían con que lo mejor para mí era bañarme. Trajeron a un hombre para que “ayudara”. Me llevaron al baño en silla de ruedas.

Me desnudaron de pie mientras el hombre me sostenía. Su mirada fija en mis pechos y en mi vientre. Sentía ganas de vomitar o de morirme. Pero no pasaba ninguna de las dos… “¿No hay alguien más que pueda ayudarme? ¿Una mujer?” les pregunté.

“No. Necesitamos la fuerza de un hombre” dijo la enfermera. En mi mente quería mandar a todos al infierno, ya mi alma no soportaba más dolor ni humillación.

Me sentía ultrajada, pero ya creía haber pasado por lo peor. Así que intenté aguantar todavía más porque, ya para ese momento, creía que no podía irme más mal. Al menos eso pensaba.

No pude terminar de bañarme de lo débil que estaba, mareada a punto de desmayarme. Tenía una anemia severa, la misma que tenía Gael y como ni siquiera el “hombre fuerte” que trajeron me podía sostener, desistieron de su “brillante” idea del baño. Me volvieron a meter en la cama del cuarto que compartía con otras embarazadas.

“Usted tiene que ir a ver a su bebé” De la nada alguien se apiadó de mí.

Para mi sorpresa fue una enfermera. Después me enteré que no era compasión, el pediatra que parecía no haber tenido sentimientos, pidió que yo fuera a despedirme de Gael, pero nadie me explicó eso.

Otra vez salí del cuarto en silla de ruedas, con mi esposo empujándome hasta llegar a la unidad de cuidados intensivos. Nadie nos acompañó y bueno, para lo que nos habían ayudado, ahora considero que fue lo mejor…

Mi esposo ubicó mi silla de ruedas frente a Gael.

–“Mirá que lindo es” me dijo.

Yo no podía verlo bien porque estaba sentada en la silla de ruedas. Lo que vi mejor fueron sus piecitos. Se parecían los de Hiram. Es lo único que recuerdo de él.

Y eso fue todo.

Esos fueron los únicos momentos en los que pude ver y tocar a mi hijo vivo POR ÚLTIMA VEZ, sin guía ni sugerencias de parte de nadie. Personifiqué la torpeza y la ignorancia en su máxima expresión.

Me devolvieron al cuarto compartido con mujeres embarazadas. Pero esta vez, había una sorpresa: una mujer había parido y tenía a su bebé con ella, ahí estaban los dos en mi cuarto: un recién nacido y su mamá.

Quería llorar, pero no podía. Quería gritar, pero no había cómo.

–“Su esposo puede quedarse a dormir, ya que son un caso especial”, me dijo una enfermera.

–“Gracias” susurré mirando hacia el espacio.

De verdad pensaba que habían sido generosos con nosotros, hasta que me di cuenta de los mezquinos que fueron con absolutamente todo, de principio a fin. Hiram durmió en una banca, afuera, congelado, porque mi cuarto era compartido con otras mujeres embarazadas y una recién parida con su bebé recién nacido.

1:00 a.m del día siguiente, no podía dormir. Igual ¿quien puede dormir en esa sala? Le dieron permiso a Hiram de entrar. Ya yo sabía lo que iba a decir pero aún así lo dijo. Las palabras se escaparon de su boca:

“Ya se murió Gael”

Eso fue el fin de todo. Para nosotros, en ese momento después de meses soñando con ellos, ya no quedaba nada.

Lloramos juntos por segunda vez, yo abrazada a su hombro. Sollocé en silencio. A mi no se me olvidó que a mi lado habían mujeres embarazadas que estaban dormidas y que necesitaban descansar.

Sé que de seguro han habido experiencias muy positivas en hospitales, pero yo solo puedo hablar de la mía… pienso que al igual que yo habrán otras, tal vez somos muchas, tal vez más de las que se imaginan.

Cuando pasé por todo esto no pensé que me había ido tan mal, fue hasta que empecé a leer acerca del trato que debería de tener una mujer que pierde un hijo que caí en cuenta de la verdad, de mi verdad. Por eso es que sentí la necesidad de contar mi historia, aunque me haya costado más de 5 años y medio llegar a este momento. Estas cosas no deberían de sucederle a nadie.

Me ha tomado muchos años sobrellevar el duelo de perder a Noah y Gael pero además han sido años en los que he tenido que trabajar para recuperar mi dignidad. Años para darme cuenta de que la fragilidad de una mujer nunca debe ser vista como debilidad, que nuestra vulnerabilidad no debería ser vista como un inconveniente. ¿Cuando será que podamos ser atendidas como un todo?

Qué dolor me da pensar que en este segundo puede haber otras como yo ahí, en esa misma sala 4.

Como costarricense he pagado durante muchos años por el servicio que recibí, no fue “de gratis”. Es la peor estrategia imaginable separar los servicios médicos del respeto y la cortesía básica, del trato humano y digno. Algunos pensarán que soy malagradecida, que “calladita más bonita”, pero al contar mi historia, quisiera motivar a que los servicios algún día cambien. Quizás si todas nos atrevemos a soltar lo que llevamos en el pecho por años, las injusticias, los maltratos, la negligencia…

De momento, gratitud enorme voy a tener con los que se atrevan a hacer una diferencia aunque sea de maneras pequeñas. El Dr. de los gemelos es así, mantengo una muy buena relación con el, aunque de su boca escuche lo más difícil que he escuchado en mi vida. Semanas después de que los gemelos murieran me dijo:

“Lo que pasó no debió de haber pasado así” Y aunque mi corazón ya lo sabía escucharlo fue muy doloroso.

Quisiera tener otra anécdota que contar, pero para mí ya no es una opción. El final de nuestra historia se escribió hace mucho. Pero faltan muchos finales por escribir, muchas historias por contar que podrían ser diferentes a la de Noah, Gael y yo. En 24 horas pasamos de ser tres a quedar solo yo, mi voz y mi amor por ellos.

Y la nada.

El silencio.

El vacío que estará de por vida en mi corazón y mis recuerdos que tanto quisiera fueran diferentes.

Porque para siempre para mí será: que no solo es lo que pasó, si no COMO nos pasó.

¿Cuantas habrán como yo, que aún no se han sentado a escribir el final de su historia? Cuantas hay que ni siquiera saben como podría ser el final de la historia para ellas, o para sus hijos, porque aun no se ha escrito… Para cada una será diferente, pero para mi llegó el momento de abrir mi corazón y permitir que todos conozcan como fue el final de la vida de Noah, Gael y yo, porque una parte de mi se murió con ellos.

Sin duda alguna, ese día morimos los tres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Secuelas

Hace 5 años monté una coreografía inspirada en las 5 etapas del duelo. Fue un proceso creativo que me demandó mucho a nivel emocional porque estaba muy fresco aún el dolor de la muerte de Noah y Gael. Llevaban meses de haber partido… Era mi versión de lo que habitaba por debajo de todas las capas del dolor.

Ayer viernes 9 de junio, cinco años después, llevé a cabo la segunda parte. Esta vez la coreografía está inspirada más en el amor que en el dolor… el amor de Noah y Gael, y como este me ha transformado a través de los años. Me ha inspirado a ser mejor, o en realidad no se si mejor es la palabra, pero soy diferente. “Rodeada de su Luz” se llama la nueva coreografía. Voy a estrenarla el 22 de junio en el foro Mujer El Exito y ¿Yo? donde seré una de las expositoras invitadas para hablar del tema: La Mujer y el Dolor.

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Espero que nos puedan acompañar. Les dejo por aquí toda la información del foro:

Mujer El Exito y ¿Yo?

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Gracias a las tres bailarinas que en esta ocasión me prestan su talento para esta darle vida a esta puesta en escena tan cercana a mi corazón: Kimberly Jacobson, Fabiola Garino y Camila Cordero.

Nos vemos el 22 de junio en el Auditorio de Comunidad PAS

 

Su Ausencia

Queridos Noah y Gael

Hay días en los que los extraño mas que siempre. Si bien puedo decir que los extraño a diario, hay días en que se despierta en mi un anhelo inexplicable por tener en mis brazos lo que nunca tuve; sus cuerpos tibios y llenos de vida en un abrazo. Días en los que daría lo que fuera por poder verlos a los ojos, buscando en ellos la luz que sé que llevan dentro.

Nunca no los extraño, pero hay días de días.

Días en los que el silencio de mi casa ensordece con la falta de sus risas. Mis brazos ansían cargarlos, aun a sus casi 5 años. Los cuentos de noche, las canciones de día. Los besos llenos de miel. ¡Cuanto me faltan! Abrazados a mis piernas de día y abrazados a mi pecho de noche.

No puedo dejar de pensarlos en estas fechas cuando las familias celebran completas. Cuando los niños emocionados ríen y corren esperando a Santa. Mis vacaciones están llenas de ustedes siempre, aunque no estén… de recuerdos sí, pero todavía mas de anhelos que nunca se cumplirán.

Hoy mas que nunca los necesito, cuando la gente parece haber olvidado. Hace tiempo dejaron de mencionar sus nombres. Los echo de menos, hace tanto que no sueño con ustedes. Iré al cementerio para su cumpleaños como de costumbre añorando que todo hubiese sido distinto. Iré aunque nadie mencione sus nombres, ni recuerde su cumpleaños, ni les escriba alguna carta. Iré porque sí. Porque ustedes importan, porque merecen todo aun cuando no puedo darles nada. Perdón por haberles dado vida y no haberlos podido salvar de la muerte. Lo siento profundamente, con toda mi alma. Aunque nadie recuerde mis recuerdos, ni comprenda mi dolor mis heridas no desaparecen.

Siempre están, como ustedes cuando me faltan.

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Reconstruida Por Amor

Hace unos meses me enteré de que existe una palabra para describir a las personas que son altamente sensibles: “Empaths”

No se como se traduce al español, pero el término significa “personas con una habilidad paranormal para entender el estado emocional o mental de otro individuo” Es diferente a la empatía, y es mucho mas complejo que solo ser muy sensible. Son personas a las que las energías de los demás los afectan de sobremanera. Los lugares con muchas gente les resultan agotadores, son altamente creativos, pueden sentir las energías de los lugares donde están, prefieren las cosas nuevas que las viejas porque estas traen energías de sus anteriores dueños, ver violencia y noticias aunque sea en la TV les afecta mas que lo normal, a veces pueden sentir lo que están sintiendo algunos animales y hasta el sobre peso puede tener una explicación para los “empaths”.

Es complicado de resumir por aquí, y tampoco soy experta en el tema, pero los invito a buscar el termino y leer mas de este si es algo que les interesa. A lo que voy, es que llevo meses de leer como lo que he sentido durante 40 años de mi vida tiene un nombre y lo “padece” mucha gente. Antes pensaba que yo simplemente era una persona con poca energía y que fácilmente me sentía drenada. Ahora puedo ver las cosas desde una perspectiva muy diferente.

Mi vulnerabilidad era algo que yo amaba y odiaba al mismo tiempo. Solía pensar que el hecho de que me afectaran tanto las cosas era una debilidad, un castigo. No me gustaba admitir que las cosas me afectaban tanto. Me sentía desgastada por lo que algunas personas me transmitían y por una serie de energías negativas a mi alrededor que yo no me conocía lo suficiente como para saber manejar.

Hasta que Noah y Gael murieron fue que yo empecé a conocerme. No me lo propuse, simplemente me fue necesario para sobrevivir. Empecé a preocuparme por mis necesidades emocionales, a buscar mis espacios de soledad en los que suelo “restaurar” mis niveles normales de energía. Comencé a ser transparente y honesta con lo que tenía en mi corazón a diario. Empecé a escribir y a hacer catarsis de todo lo que necesitaba “sacar” era eso, o morir de tristeza. Era descubrir mis maneras de sanar a diario, o enfermarme del dolor. No había un punto medio, era uno u otro.  No ha sido fácil, todavía casi 5 años después hay días que son profundamente difíciles.

Después de años de dolor, llegó el momento en el que después de haber sido completamente quebrantada debía reconstruirme: lo mas natural era hacerlo desde la ira, la tristeza, la culpa y desde la intolerancia. Pero también estaba la otra posibilidad:  reconstruirme desde la comprensión, el perdón y la empatía.

Podía decidir reconstruirme desde el amor, el Amor de ellos dos.

Así fue como el dolor me hizo conocerme mejor, conectarme con mis necesidades emocionales y cuidar más de mis sentimientos y de mi corazón. Escoger mejor de cuales energías me rodeo y no sentir culpa cuando necesito distancia o descanso.

Gracias Noah, Gracias Gael ❤

Gracias a su Amor continúo este legado, el trayecto que me fue asignado pero también el que escogí.

Lágrimas? Siempre.
Dolor? De seguro.
Tristeza? Hay días en los que es absoluta.

Pero Amor…del que transforma y descubre a diario. Gracias hijos, por tanto.

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Un Resfrío No es la Muerte

Pero a veces para nosotros las mamás, se siente como si lo fuera.

No he dejado que La Ansiedad hable durante todos estos años, mas de cuatro. La he silenciado cada vez que quiere escribir. No se lo permito.

Pero hoy no se porque, creo que es tiempo de soltar. Porque todo le aterra.

Y yo estoy cansada de vivir con miedo.

De todo.

Miedo talvez no sea la mejor palabra para describirlo, es más como pánico ó terror. De las piscinas, de las escaleras, de los accidentes de tránsito, de los ascensores, de los resfríos, los golpes, las caídas, el mar, las enfermedades, de que se ahogue con un objeto pequeño… mencioné las escaleras? Ahhh si. Esas ya estaban dentro de la lista. Miedo de ir manejando y pensar si está bien “amarrada” a su silla que con sus casi 2 años aún se sitúa hacia atrás por temor o precaución, no se cual de las dos predomina.

Y el Zika? Ahh no, el dengue. O miedo de las infecciones respiratorias que le quitan la vida a algunos pequeñitos. Miedo a la diabetes, la desnutrición, hasta los terremotos. Sueno como una loca? Perdón.

No quiero ni ver escrito lo que Ella piensa todo el día. Pero bueno, le permití hablar así que ahora que le di su espacio cuesta trabajo que vuelva a hacer silencio. Me despierta en las noches preocupada por lo que aun no ha pasado. Preocupada por Ilana, por Eva. Preocupada de como será mañana, si será igual que hoy o si en un segundo puede cambiar todo… como con Noah, como con Gael.

Después de la muerte de un hijo la vida nunca vuelve a ser igual. La alegría es mas intensa, pero la tristeza también. Nada se toma por sentado, los momentos y las personas que amamos toman otro significado, se disfrutan diferente. Todo se ve con otra óptica, ansiedad incluida. El miedo aparece mas a menudo, pero el amor también. Los nervios están a flor de piel, el dolor y los recuerdos también. La Ansiedad forma parte de mi día con día, es una constante en mi vida. Un recordatorio de que me marcó la historia de amor que no tiene fin, aun cuando esta vino teñida de angustia y preocupación sigue siendo una gran historia de amor.

Sin fin.

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El Cielo Huele a Manzanilla

No se si será normal estar un poco obsesionada con la muerte. Me pregunto si todos los papás con hijos muertos lo están, porque yo desde que Noah y Gael murieron pienso en la muerte todos los días. No es una exageración, ni tampoco es que esté deprimida ni loca, creo que simplemente pienso en la muerte como algo mas natural, le perdí el miedo. Considero que cada día y cada momento que vivo puede ser el último. Además, la muerte es lo que (espero) me va a reunir con ellos dos de nuevo algún día.

Llevo unos cuatro años de buscar videos, entrevistas y documentales acerca de que pasa cuando uno se muere. He buscado todo lo que tiene que ver con la gente que ha muerto y regresado a la vida para contarlo. Muchos describen el cielo o el infierno, yo lo que busco escuchar, mas que que existe un lugar, es que sus familiares ya fallecidos lleguen a recibirlos cuando pasan a su “próxima vida”. Cada vez que lo escucho lo quiero creer mas y mas. Es un momento que me trato de imaginar a menudo.

Noah, Gael y yo. Juntos de nuevo como antes, como siempre.

Ilana tiene una manera muy particular de conectarme con los gemelos. Digo, ella es ella, de eso no hay duda alguna. Es mas, cada día ella es mas ella. Sin embargo mentiría si digo que no hay momentos donde ella me acerca a ellos, y a lo que pudo haber sido. Hay ratos donde ella, aparte de ser ella, me lleva al cielo: al cielo del amor, porque no se puede describir de otra manera. Y ahí me encuentro con ellos dos siempre: En el hermoso cielo del amor.

En lo mas sublime nos reunimos, en aquel espacio que uno guarda solo para lo insuperable, lo indescriptible. Así debe ser el cielo a mi parecer… Cuando de noche Ilana se adhiere a mi cuerpo buscando conciliar el sueño, yo me encuentro sin pensarlo respirando profundo el aroma de su pequeña cabecita, sus rizados cabellos huelen a manzanilla. Mi corazón se ensancha, mis ojos se humedecen. Es sublime tener un pedacito de cielo aquí conmigo.

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El Amor Lo Vale

“El Amor vale el extraordinario dolor que a veces ocasiona.”

Aunque en la tumba de Noah y Gael yacen sus cuerpos, ahí no están ellos dos. Me tomó tiempo, pero lo logré entenderlo despues de años de confusión. Aun así, he logrado comprender que en ese lugar yo enterré mas que sus restos. Enterré mis sueños e ilusiones, las de verlos crecer cada día, las de verlos empezar proyectos y conocer sus gustos y personalidades.

Enterré sonrisas y abrazos, no los de hoy ni los de ayer… sepulté los abrazos y besos que debería de tener todos los días. Cada día entierro algo en este lugar cuando los imagino, entrando a clases, en sus uniformes. Cuando de noche beso las mejillas de Ilana o Eva pero me faltan las de ellos.

Entierro cada día los recuerdos que nunca fueron . Las esperanzas de tenerlos muchos años conmigo.

Sepulto cada día el anhelo de tener a mi familia completa.

La otra noche Ilana hizo algo que nunca había hecho, y que desde ese día nunca volvió a hacer. Se despertó en la madrugada como a las 3 am y se tomó su leche como de costumbre, pero esta vez no se volvió a dormir. Comenzó a moverse entre dormida y despierta. No se despertaba por completo pero tampoco lograba un sueño profundo. Daba vueltas de un lado al otro y como duerme en nuestra cama yo no podía tampoco dormir de sentirla tan inquieta.

De repente hizo algo que sí hace desde pequeña: se adhirió a mi cuerpo por completo como buscando calor y normalmente cuando hace eso cae dormida, pero ese día no. Entonces se subió en mi pecho y acomodó su cabeza ahí. Me abrazó. Yo renuncié a mi sueño solo para sentir ese momento tan nuestro de noche. Sin advertencia alguna, tomó mis mejillas en sus manos y empiezó a darme besos… uno, dos, tres, cuatro, cinco hasta unos ocho besos… en mi cara y en mi cuello. Me abrazaba. No podía creer la belleza de lo que estaba sucediendo. Me conformé con disfrutarlo mientras estabamos tan unidas, conectadas corazón a corazón. Eventualmente se durmió y yo hice lo mismo… sumida en una alegría inexplicable.

Al despertarme al día siguiente mi primer pensamiento me aclaró todo. Los besos venían de parte de los tres. Lo interpreté con el corazón y fue fácil entenderlo de esa manera. El “ataque” de besos en la madrugada no fue una casualidad, si leo entre las líneas. Tanta ternura mezclada con tanta inocencia tiene su origen claro para mi. Pasé la mañana inmersa en el dulce recuerdo de esos 30 minutos. 

Me siento realmente bendecida de que mi conexión con ellos dos se mantenga tan viva. Aunque sea todo lo que tengo, eso y recuerdos. Lo demás lo entierro a diario y como duele, pero el amor lo vale.

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