Puede Más el Amor

De las primeras dolorosas lecciones que aprendí después de la muerte de mis dos hijos fue a no comparar duelos. Tu dolor es tuyo y mi dolor es mío. Cada duelo es único, propio y uno lo vive diferente a los demás. Incluso dentro de la misma familia cada uno “duele” diferente. Mi esposo y yo a veces estamos viviendo etapas totalmente opuestas en cuanto al duelo de nuestros hijos, y además de que son diferentes, también las enfrentamos diferente. Por eso es un camino algo solitario.

La magnitud de dolor que cada una vive es inimaginable para las demás.

Sin embargo, esta semana santa… no puedo dejar de pensar en los papás de la joven que murió en el accidente de la ruta 27: Verónica. La conocí en la academia, iba a clases y desde que uno la escuchaba hablar se daba cuenta de que era alguien especial. Muy sensible, perseverante, decía que la danza le había cambiado la vida. Es algo que escucho a menudo, pero en ella era algo muy evidente. La chica que empezó en clases con nosotros no era la misma que salió de clases un tiempo después. Me siento identificada con sus papas, aunque de ninguna manera puedo imaginarme su dolor, ni sentir que he pasado por algo parecido. Perder a un hijo por algo “natural” como una enfermedad genera gran ira y enojo, no me imagino cuanto puede generar el perder a una hija por una irresponsabilidad como el acto que llevo a esta desgracia.

No hay palabras de consuelo para tanto dolor. Ni tiempo que cure. Ni nada que sane, los primeros años son indescriptibles. Recuerdo, cuando el dolor de perder a mis hijos era fresco, yo pensaba que no iba a poder sobrevivirlo. No había nada que me consolara. Con el tiempo, una sola cosa me trae consuelo y es la alegría que ellos trajeron a mi vida. Vivo cada día sintiendo que esta debe sobrepasar el dolor, aunque solo los tuve 7 meses, fue tanta la ilusión y la felicidad… TANTA TANTA TANTA… que solo eso puede superar tanto dolor. La alegría de haberlos tenido y de que aun ahora, sean parte de mi.

Gana el amor. Tiene que.

Cuando yo quería tener otro bebé, después de Noah y Gael, le confesé a mi doctor que estaba aterrada de miedo. “Y entonces?” me preguntó algo consternado. “El amor puede mas que el miedo, tiene que.” Fue lo que le respondí.

Lo mismo siento ahora: el amor puede mas que el dolor. Tiene que poder mas. La alegría tiene que pesar mas que la tristeza. Los momentos que vivimos con ellos tienen que ser más fuertes que toda una vida de dolor que queda por delante. No los cambio por nada, haberlos tenido aunque por poco tiempo es mi bendición. Fueron, son y continuarán siendo para mi un regalo… de los mejores que me ha dado la vida/el universo/Dios.

A los padres de Vero les esperan meses y años de mucha oscuridad, días de total oscuridad. Solo puedo pedir que llegue pronto el día donde puedan ver con claridad y perspectiva el hermoso regalo que les fue dado, sin importar el tiempo que lo tuvieron. El amor no conoce el tiempo. Y que puedan pesar… pesar cada día las alegrías para sobrellevar el dolor.

Es inimaginable y es indescriptible el dolor. Pero también lo son la alegría y el amor que vivieron a su lado.

Y pesa mas… tiene que.

About This Pain

The Pain that visits me
Every once in a while,
The one that strangles my Heart
Until it bleeds out my Eyes.

The Pain that comes unexpected
In the most awkward of moments,
It comes to steal whatever joy
Is left inside my once naive Heart.

The Pain just shows up. Unannounced,
At my heart’s door. And pushes me back,
Where I cannot think straight, or move forward.
It just Is There. Everywhere. Like the sky.