El Amor Lo Vale

“El Amor vale el extraordinario dolor que a veces ocasiona.”

Aunque en la tumba de Noah y Gael yacen sus cuerpos, ahí no están ellos dos. Me tomó tiempo, pero lo logré entenderlo despues de años de confusión. Aun así, he logrado comprender que en ese lugar yo enterré mas que sus restos. Enterré mis sueños e ilusiones, las de verlos crecer cada día, las de verlos empezar proyectos y conocer sus gustos y personalidades.

Enterré sonrisas y abrazos, no los de hoy ni los de ayer… sepulté los abrazos y besos que debería de tener todos los días. Cada día entierro algo en este lugar cuando los imagino, entrando a clases, en sus uniformes. Cuando de noche beso las mejillas de Ilana o Eva pero me faltan las de ellos.

Entierro cada día los recuerdos que nunca fueron . Las esperanzas de tenerlos muchos años conmigo.

Sepulto cada día el anhelo de tener a mi familia completa.

La otra noche Ilana hizo algo que nunca había hecho, y que desde ese día nunca volvió a hacer. Se despertó en la madrugada como a las 3 am y se tomó su leche como de costumbre, pero esta vez no se volvió a dormir. Comenzó a moverse entre dormida y despierta. No se despertaba por completo pero tampoco lograba un sueño profundo. Daba vueltas de un lado al otro y como duerme en nuestra cama yo no podía tampoco dormir de sentirla tan inquieta.

De repente hizo algo que sí hace desde pequeña: se adhirió a mi cuerpo por completo como buscando calor y normalmente cuando hace eso cae dormida, pero ese día no. Entonces se subió en mi pecho y acomodó su cabeza ahí. Me abrazó. Yo renuncié a mi sueño solo para sentir ese momento tan nuestro de noche. Sin advertencia alguna, tomó mis mejillas en sus manos y empiezó a darme besos… uno, dos, tres, cuatro, cinco hasta unos ocho besos… en mi cara y en mi cuello. Me abrazaba. No podía creer la belleza de lo que estaba sucediendo. Me conformé con disfrutarlo mientras estabamos tan unidas, conectadas corazón a corazón. Eventualmente se durmió y yo hice lo mismo… sumida en una alegría inexplicable.

Al despertarme al día siguiente mi primer pensamiento me aclaró todo. Los besos venían de parte de los tres. Lo interpreté con el corazón y fue fácil entenderlo de esa manera. El “ataque” de besos en la madrugada no fue una casualidad, si leo entre las líneas. Tanta ternura mezclada con tanta inocencia tiene su origen claro para mi. Pasé la mañana inmersa en el dulce recuerdo de esos 30 minutos. 

Me siento realmente bendecida de que mi conexión con ellos dos se mantenga tan viva. Aunque sea todo lo que tengo, eso y recuerdos. Lo demás lo entierro a diario y como duele, pero el amor lo vale.

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Cicatrices

Noah y Gael van a cumplir 4 años el 5 de enero del 2016. Me cuesta creer cuanto tiempo ha transcurrido desde la peor tragedia de mi vida, cuanto he cambiado, cuanto he dolido.

Hace unos días una amiga tuvo a su bebé en el Hospital San Juan de Dios y como lo mas “normal” del mundo publico una foto donde aparece con su bebé usando la bata de ese lugar.

Esa imagen me afectó en lo mas profundo de mi ser.

Tuve que cerrar los ojos para contener las lagrimas, respirar lentamente, porque el estómago se me hizo un puño, mi corazón empezó a latir mas fuerte y sentí una enorme repulsión… hacia el color, la forma de los botones, casi podía sentir la tela entre mis dedos. Me trajo imagenes tan frescas a la mente de mi cuerpo con ellos vivos, y del vacío después. De Gael en la unidad de cuidados intensivos lleno de tubos, inerte, pero luchando por su vida. De mirar mis débiles piernas queriendo obligarlas a saltar de esa horrible cama para salir de ahi, pero no poder.

De no poder. Cambiar. Nada.

De querer irme ir con ellos.

De no entender que estaba pasando, porque yo seguía aquí y ellos no, de creer que todo era una horrible pesadilla de la cual despertaría con ellos riendo entre mis brazos.

De mis cicatrices.

Después de la cesárea de emergencia me tomó semanas tener el valor de mirar la herida. Cuando la vi por primera vez le comenté a mi esposo que había quedado un poco en forma de U. “No” me dijo el “En realidad parece como dos letras U” La volví a mirar…

[Ahhh… como 2 sonrisas] pensé en mis adentros.

Esa cicatriz era mi prueba de que la pesadilla era real. De que a pesar de que mi anestesia fue completa porque pateaba, temblaba, lloraba y gritaba todo había sucedido mientras yo dormía. Todo lo que una mamá no quiere vivir nunca.

Las cicatrices duraron en sanar, las de adentro y las de afuera. Por unos meses pensé que mi útero nunca iba a poder concebir vida de nuevo. Todo parecía sanar tan lento, y yo solo los quería a ellos de vuelta en mi cuerpo o fuera de el.

Solo los quería a ellos dos. A como diera lugar.

Las cicatrices de mi cuerpo sanaron y cambiaron con el tiempo. Las de mi corazón no tanto. Ahí están, a veces me parece que intactas… como el día que vi en esa bata reflejada mi historia de muerte y dolor. Era como si pudieran reabrirse y regresar al día 1. Como si todo lo que han sanado retrocediera y estuvieran otra vez en carne viva, nuevas, frescas. Inéditas.

Mis cicatrices no las cambio por nada del mundo porque representan su historia. ¡Pero cuanto duelen! Son los rastros de su memoria. Las heridas que se ven y mas importante: las que no se ven. Continúan existiendo, aunque a veces se disfrazan  bien, en otras ocasiones se muestran resplandecientes, a veces hasta deslumbrantes.

Huellas, marcas, trazos.

Testigos del amor que me transformó para siempre. 

 

El Amor que Abraza al Dolor

Hoy fue un día completamente normal. Hasta que llegaron las 5 de la tarde. Terminé de dar clases y estaba una mamá con su hijo pequeño en la academia. Me pareció que tendría una edad parecida a la que tendrían Noah y Gael si estuvieran vivos, así que le pregunto a la mamá que cuantos años tiene y ella me responde. No me equivoco, es 4 meses menor de lo que serían ellos.

No puedo dejar de verlo, ni dejar de imaginarme como serían los míos: su tamaño, sus piecitos, sus diminutas manitas. Lo veo correr y jugar, me parece un milagro inexplicable. Lo veo sonreírle a su mamá. Les veo la conexión en los ojos, como se hablan sin necesidad de palabras. El niño luego me sonríe y me mira a los ojos a mi, con esa pureza e inocencia que solo es característica en ellos. Me pregunto como olerá de cerca, si aun a bebé o ya más a niño… inmediatamente me ruego a mi misma dejar de torturarme mientras su mamá me cuenta de sus malas noches. Me pregunto que pensará de las mías si las conociera.

Se me escapan un par de lágrimas así que me voy a un salón a ver a las alumnas bailar. Necesito distraerme. Cuando cerramos la academia mi esposo me propone ir a cenar y yo accedo. Después de un rato de no saber que preferimos comer, decidimos ir a un restaurante mexicano. Hay música y gente feliz a nuestro alrededor. Es viernes en la noche y se siente una energía especial en el ambiente. Me siento frente a Hiram y supongo que no puedo esconder mi tristeza, mucho menos con alguien que me conoce hace 15 años.

“¿Estas bien?” me pregunta.

“No” le respondo.

Se le escapa una risa. “Porque te reís?” le pregunto.

“Por el contraste. El lugar tan feliz, nuestra cena juntos y vos triste.” Hace una pequeña pausa antes de continuar “No digo que sea malo ni feo, es solo la historia que nos tocó vivir. A veces, alguno de los dos estará triste.”

Sus palabras fueron como bálsamo a mi corazón.

Eran justo lo que necesitaba escuchar. Pudieron haber sido tan diferentes.

“Ya han pasado 2 años…” “Este no es el momento ni el lugar para estar así…” “Que pereza que hoy que salimos estés triste…”

No se como lo ha logrado Hiram, pero me ha respetado el proceso de duelo como solo un puño de personas lo han sabido hacer. Nunca ha tratado de apurarlo ni de hacerlo mas lento. Me permite la risa, me permite la tristeza, me permite el enojo, el dolor, la alegría, los recuerdos. Me permite mencionar sus nombres sin que sea visible su incomodidad si decido mencionarlos. No trata de arreglar lo inarreglable. No le pone “curitas” a mi dolor. Simplemente le permite ser lo que es cuando es. 

Una sabiduría inexplicable que agradezco tener a mi lado cada día.

En las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en el duelo.
Dure lo que dure el amor.
La eternidad completa si fuera necesario.

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01/02/14

Ya casi se esconde el sol.
Al menos por hoy.
El cielo se pinta, lo pintan.
Para mi.

Desde lejos recuerdo 
lo que guardo.
Cerca, tan cerca.
Esos mágicos atardeceres
Con los dos.

Serian los últimos…
Mágicos y últimos.
Intento recordar mejor
Porque olvidar sería como
Agonizar.

El dolor que traen
Los recuerdos
Lo atesoro.
Es lo que queda.
Es mi cosecha.

Intento inútilmente
No vaciar mis ojos
Del interminable diluvio
Que me alcanza
A diario.

Mañana quizás
No esté presente
Al extrañarlos.
A veces se asoma
Hasta una sonrisa.

Y a veces incluso
aflora la alegría.
Haberlos tenido
y recordarlos
De cualquier manera
Es mi presente.

Un regalo del pasado
Que al fin guardo,
Que al fin ansío.

Pensándolos Desde Aquí

Pensándolos Desde Aquí

Tus Ojos Vieron Mi Cuerpo En Gestación

El Salmo 139.

Eso era lo que yo recitaba cuando estaba embarazada de los gemelos cada vez que tenía miedo. Cuando tenía 12 años lo aprendí de memoria en una campamento cristiano y todavía lo tengo grabado en mi mente y en mi corazón. Puedo recitarlo dormida. Era lo único que se me venía a la cabeza en esos momentos cuando me paralizaba el miedo. Estando internada en (el infierno) ese hospital debió de haber pasado por mi cabeza unas 100 veces. Sin exagerar. Porque no dormía nunca y desde el 3 de enero que entré (al infierno) hasta que me dieran la trágica noticia pasaron unas 48 horas.

En estos días algo ha cambiado dentro de mi. Algo que hace que logre recordar detalles que había bloqueado de tanto dolor que manejaba, el corazón solo puede procesar cierta cantidad. Al menos el mío. El resto de recuerdos los bloquea hasta que el sienta puede con ellos.

Es algo como la memoria selectiva pero un Procesamiento Selectivo del Dolor.

Hoy decidí sacar todo lo que no uso de mi cuarto, este tipo de limpieza suelo hacerla cada fin de año, pero el año pasado no tenía ánimo y no lo logré porque se acercaba el primer cumpleaños de Noah y Gael así que me di permiso de no acomodar absolutamente nada.

Con costos lograba salir de la cama cada día, no podía pensar en limpiar.

Hoy al ponerme a acomodar, con un poco de paz que me ha llegado del cielo, encontré de todo: fotos de ultrasonidos, donde ellos estaban vivos ❤ ❤ certificado de nacimiento, certificado de declaración de defunción fetal (de Noah), certificado de declaración de defunción (de Gael), recibo de dinero de Jardines del Recuerdo por la inhumación de Noah y Gael Castillo Araya, sus libros de nacimiento. Lloré. Mucho. Claro que lloré. Imposible no hacerlo.

Hace pocas semanas fue que recordé lo del Salmo 139, creo que en mi negación de que mis oraciones no fueron contestadas lo había olvidado.

Memoria Selectiva.

“Tú creaste mis entrañas;
me formaste en el vientre de mi madre.
¡Te alabo porque soy una creación admirable!
¡Tus obras son maravillosas,
y esto lo sé muy bien!

Mis huesos no te fueron desconocidos
cuando en lo más recóndito era yo formado,
cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido.

Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación:
todo estaba ya escrito en tu libro;
todos mis días se estaban diseñando,
 aunque no existía uno solo de ellos.”

“Todo Estaba Escrito Ya En Tu Libro.” Por más oración, por más fe, por más que yo recitara un salmo tan hermoso dentro de ese horrible hospital. “Todos Mis Días Se Estaban Diseñando, Aunque No Existía Uno Solo De Ellos” ¿Es casualidad que yo recitara este salmo que aprendí desde los 12 años unas 100 veces mientras que uno de mis hijos moría en mi útero?

Si alguien hubiese tratado de hacerme ver esto hace un año estaría tan enojada con ellos todavía.

Pero el Procesamiento Selectivo del Dolor,
Hoy me permite. Procesar.

Esta Verdad.

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Es Tan Solo Amor

Anoche me dormí pensando en sus caritas. En como hubiera sido mirarlos a los ojos, los que nunca pude besar mientras dormían. Me dormí imaginando una navidad llena. Una navidad con risas, juguetes, abrazos y las botas que tenemos guardadas con sus nombres guindadas sobre la chimenea. Fotos de ustedes por toda la casa. Tendrían casi 2 añitos. Probablemente ya nada de la pequeña ropa que tengo guardada en su cuarto les quedaría. La que nunca usaron. Estarían grandes y agotando nuestras energías diarias.

Dicen que nadie conoce el dolor como la madre que ha sostenido a su hijo muerto en sus brazos.

Su Hijo. Muerto. En Sus Brazos.

En mi caso: Sus Hijos. Muertos. En Sus Brazos.

Eran Dos. Regalos.

Son. Dos. Regalos.

Aun me cuesta comprender como me convertí en esa mamá. La que envejeció cien años en uno solo. La que se despierta sola a llorar en las noches cuando no escucha su llanto, cuando no los siente cerca, cuando se acuerda que ya no hay vuelta atrás. Cuando piensa que todas sus navidades traerán recuerdos de sus últimos días con ustedes: felicidad absoluta, dolor incurable.

Su “irremplazabilidad” es como una marea que me llena y me vacía el corazón en las noches, cuando la esperanza parece desaparecer de repente, me abandona. Miro al cielo de noche y miro al cielo de día. Esperando que llegue la paz que a veces siento cerca. Evito lo inevitable… pensar.

Me permito lo inevitable: amar como lo hice desde el primer día. Toda la tristeza, todo el dolor… ¡Es tan solo amor! Eso es todo, no es tanto para cargar una vida entera. No es malo, como para no querer llevarlo dentro.

Volvería a escogerlos si supiera el final.

Ayer, hoy y siempre me sentiré dichosa de ser su mamá ❤

¡Volvería a escogerlos de nuevo!

Aún conociendo

El final… de la historia.

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De Vuelta al Gimnasio

Las mujeres que han perdido hijos describen mirarse al espejo y no reconocer a la mujer que ven. No saber quien es, no conocerla a veces del todo. Yo he vivido eso en carne propia, es como que uno está en un cuerpo y mente que no conoce, fuera de la realidad de que sus hijos no están con ella. Es como cambiar de un día para el otro y tener que conocerse de nuevo.

La nueva “normalidad” le llaman en la comunidad.

Hace unos meses empecé a ir al gimnasio, llevaba años de no hacer ejercicio. Ha sido difícil pero edificante. Hacer las paces con mi cuerpo después de casi dos años de que Noah se muriera estando dentro de mi, y de que eso en consecuencia le quitara la vida a Gael, ha sido pues no se ni como describirlo.

Antes de Noah y Gael mi lucha constante con mi cuerpo eran mis libras de más y bueno, tengo que admitir que aun lo son, pero ahora tengo otra perspectiva de todo. Todo dentro de mi se ha re posicionado, mi alma, mi corazón y mi espíritu son diferentes ahora. Y aunque estoy segura de que prefiero ser quien soy ahora que la que era antes, hay cosas de “ella” que extraño. Como cuando mi única lucha con mi cuerpo era un simple número o una genética que nunca pedí heredar. Ahora es tan complicado.

Tan.
Complejo.

Cuando estoy haciendo ejercicio recuerdo un poco la persona que era antes, es como si regresara a mi pasado, por un momento. Se me olvida (un poco) el dolor que ha sido mi compañero constante estos dos años.  Entreno y siento dolor físico que por un momento quiere como reemplazar el de mi alma. Quiero perdonar a mi cuerpo cuando entreno.  Ser libre de la Culpa.

Hay días que lo logro, otros que no.

Sé que lo que pasó el 5 de enero del 2012 no fue mi culpa, pero en mi corazón siempre me preguntaré que pude haber hecho diferente, que pude haber exigido más durante mi estadía en ese hospital. Creo que siempre me atormentará el hecho de que yo estaba ahí, cerca de maquinas de ultrasonido mientras mi hijo moría lentamente en la casa que yo construí para el. ¿Cuanto más puede sentir uno que falló por completo?

Entrenar mi cuerpo me sana cada día, me ayuda, me hace re conectarme con él. Amarlo de nuevo por todo lo bueno que ha hecho por mi, sobre todo con mi carrera en la danza que siempre ha sido mi sueño. Entrenar bailarines me apasiona, verlos crecer en fuerza, flexibilidad, técnica y alineamiento me inspira. Pero definitivamente hay otras partes que también siento que hay que entrenar… porque el cuerpo será nuestra herramienta para expresar el arte que llevamos dentro, al menos en la danza, pero somos más. Somos mucho más.

Somos Energía.

Somos Amor.

Somos Luz.

Por eso no me olvido de que mi entrenamiento debe incluir todo, para no dejar lentamente morir ninguna parte de mi. Ninguna parte de lo que ellos me dejaron, del inmenso amor que me quedó gracias a su breve pero permanente paso por mi transitoria existencia.

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