A Veces Todavía

A veces todavía
Mientras duerme
Me acerco a su cuerpo
Para asegurarme
De que aun respira.

A veces todavía
Me asombra el calor
De su piel, su color.
Sus ojos abiertos
Radiantes de luz y vida.

A veces todavía
La miro y deambulan
Por mi mente
Mil preguntas
Sin respuesta.

Preguntas de ellos. De nosotros.
De como seríamos juntos.

A veces todavía
Su sonrisa dibuja
Mis lágrimas
Cuando imagino
Las de ellos dos.

A veces me pregunto
Me sorprendo imaginando
Lo que nunca será.

Lo que pudo haber sido
Me persigue, me hostiga
Solo para escaparse
En son de burla
Como agua entre las manos.
Me acuerdo del fin
De mis sueños
Mas no de mi amor.

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El Amor Lo Vale

“El Amor vale el extraordinario dolor que a veces ocasiona.”

Aunque en la tumba de Noah y Gael yacen sus cuerpos, ahí no están ellos dos. Me tomó tiempo, pero lo logré entenderlo despues de años de confusión. Aun así, he logrado comprender que en ese lugar yo enterré mas que sus restos. Enterré mis sueños e ilusiones, las de verlos crecer cada día, las de verlos empezar proyectos y conocer sus gustos y personalidades.

Enterré sonrisas y abrazos, no los de hoy ni los de ayer… sepulté los abrazos y besos que debería de tener todos los días. Cada día entierro algo en este lugar cuando los imagino, entrando a clases, en sus uniformes. Cuando de noche beso las mejillas de Ilana o Eva pero me faltan las de ellos.

Entierro cada día los recuerdos que nunca fueron . Las esperanzas de tenerlos muchos años conmigo.

Sepulto cada día el anhelo de tener a mi familia completa.

La otra noche Ilana hizo algo que nunca había hecho, y que desde ese día nunca volvió a hacer. Se despertó en la madrugada como a las 3 am y se tomó su leche como de costumbre, pero esta vez no se volvió a dormir. Comenzó a moverse entre dormida y despierta. No se despertaba por completo pero tampoco lograba un sueño profundo. Daba vueltas de un lado al otro y como duerme en nuestra cama yo no podía tampoco dormir de sentirla tan inquieta.

De repente hizo algo que sí hace desde pequeña: se adhirió a mi cuerpo por completo como buscando calor y normalmente cuando hace eso cae dormida, pero ese día no. Entonces se subió en mi pecho y acomodó su cabeza ahí. Me abrazó. Yo renuncié a mi sueño solo para sentir ese momento tan nuestro de noche. Sin advertencia alguna, tomó mis mejillas en sus manos y empiezó a darme besos… uno, dos, tres, cuatro, cinco hasta unos ocho besos… en mi cara y en mi cuello. Me abrazaba. No podía creer la belleza de lo que estaba sucediendo. Me conformé con disfrutarlo mientras estabamos tan unidas, conectadas corazón a corazón. Eventualmente se durmió y yo hice lo mismo… sumida en una alegría inexplicable.

Al despertarme al día siguiente mi primer pensamiento me aclaró todo. Los besos venían de parte de los tres. Lo interpreté con el corazón y fue fácil entenderlo de esa manera. El “ataque” de besos en la madrugada no fue una casualidad, si leo entre las líneas. Tanta ternura mezclada con tanta inocencia tiene su origen claro para mi. Pasé la mañana inmersa en el dulce recuerdo de esos 30 minutos. 

Me siento realmente bendecida de que mi conexión con ellos dos se mantenga tan viva. Aunque sea todo lo que tengo, eso y recuerdos. Lo demás lo entierro a diario y como duele, pero el amor lo vale.

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La Culpa

La culpa es el compañero inseparable de las madres con hijos muertos. No se a las demás, pero a mi me atormenta. Día y noche, sabe cuando asomarse, cuando acercárseme y cuando estirar sus brazos para estrangularme.

Llevo días inmersa en mi bebé arco iris. Hay algo de ella que me conecta con ellos. A veces cuando la tengo cerca, su olor me transporta a ellos dos. Me los imagino corriendo alrededor de la misma mesa donde me senté embarazada con ellos vivos tantas veces. Me imagino todo, nuestra vida igual, pero con ellos.

Con Ilana me siento horas en su cuarto, el cuarto que era de ellos, donde tantas veces les hablé estando vivos. Donde les conté de la ilusión que tenía de conocerlos, de tenerlos en mis brazos. El mismo cuarto donde tantas veces, oré por ellos. Es común que en esos momentos la culpa se asome sin pedir permiso, llega inadvertida.

Y si hubiera…

Y si hubiera. Esa noche fría, dentro de ese hospital, presentido que algo andaba mal. Y si hubiera dicho algo, y si hubiera pedido, y si hubiera llamado.

Y si hubiera.

¿Como es que no presentí que algo estaba mal? ¿Como es que mi intuición no pudo salvarlos estando rodeada de médicos y enfermeras?

¿Porque no hablé cuando sentí menos movimiento, porque pensé que dormían cuando estaban muriendo? ¿Porque?

¿Porque no pude salvarlos? Era mi trabajo principal, como mamá. Protegerlos. Era lo único que tenía que hacer. Cuidarlos. Y fallé.

Fallé.

Hay dolores que no se pueden describir. Hay sentimientos que no se pueden expresar… solo con lágrimas y oscuridad, de esa a la que a nadie le gusta, a la que todos le huyen. Ese es el dolor que trae la culpa. Ella es fresca, llega como si fuera la primera vez y se sienta a dialogar con tu ya asfixiado corazón. Te mueve todo, te recuerda todo. Convive contigo, de alguna irreparable manera nunca sale de tu vida.

Sabe cuando asomarse, cuando acercarse… cuando estrangular.

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Con Ellos Se Fue Tanto de Mi

Hace unos días iba camino al trabajo. Distraída, bajé la inmensa cuesta de mi casa, cuando tuve que frenar porque había un tumulto de gente afuera de una casa, alrededor de un carro. Casi me detengo por completo cuando lo veo.

Es un ataúd.

Es grande y color madera. Pero me lleva de inmediato a recordar como si fuera ayer… ese pequeño ataúd blanco donde enterré juntos los cuerpos de mis dos hijos. Eran tan pequeños que cabían uno al lado del otro, casi abrazados, cara a cara. La última vez que los vi estaban así. Parecían estar dormidos, si no fuera por el color de piel de Noah que fue el que falleció primero, llevándose con el todas las células rojas de la sangre de ambos. Los recuerdo, pienso lo que daría por poder haber visto sus ojitos abiertos.

Miro el ataúd de ese extraño, en la calle de mi casa y las lágrimas empiezan a bajar por mis mejillas recordando: La despedida. Ese espantoso domingo donde puse a descansar los fríos cuerpos de quienes me debieron de haber traído calor noche tras noche.

Ese día, después de admirarlos y hablarles en su pequeña cajita, alguien dijo que había que llevarlos de la capilla hasta el lugar donde serían sepultados. Hiram se ofreció de inmediato y caminó con el ataúd en sus brazos hasta llegar al lugar donde dejaríamos sus cuerpos para siempre. En sus brazos, no se me escapa la ironía de como tenía que haber sido y de como fue. Luego, en la casa, me dice que les habló todo el camino. “Dichoso” el, haber tenido esa privacidad con ambos. Yo nunca la tuve.

La tengo ahora en mis sueños, cuando me visitan, muy de vez en cuando.

Con ellos se fue tanto de mi.

Hoy fuimos a comprar algunas cosas para llevar a Ilana a la playa por primera vez. Entramos a la juguetería e Hiram estaba como en el cielo. Se paseaba por cada pasillo lentamente investigando sus juguetes favoritos. Llevaba 2 pasillos de hombre recorridos cuando le dije, un poco melancólica: “Te falta tener un hijo varón.”

“No.” Me responde mirándome fijamente “Los juguetes son juguetes. No son “de hombre” ni “de mujer” Estas se las voy a comprar cuando esté mas grande” Me señala a un juego de herramientas. Hiram ama sus herramientas. Quiere enseñarle ese mismo amor a ella, eso me derrite el alma.

Pienso en Noah, en Gael. En todos los juguetes que hubieran sido de ellos. Algunos mismos ahora serán para Ilana. Juguetes de hombre, juguetes de mujer, ataúdes blancos… con ellos se fue tanto de mi.

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¿Como se Olvida un Hijo?

Estas fechas me recuerdan mucho a Noah y Gael. Son los últimos días que estuvieron vivos con nosotros antes de morir el 5 de enero del 2012. Por las noches el sonido del viento y como este hace que suene nuestra casa, me hace devolverme a aquellas noches donde embarazada e incómoda me la pasaba en vela. Con ellos era imposible acostarme, no podía respirar si lo hacía. Entonces dormía en un sillón reclinable que mi esposo colocó a la par de nuestra cama. Ahi se me pasaban las horas, en la oscuridad, con ellos dos adentro. No podía moverme mucho y además los casi 7 meses de reposo me habían hecho perder cualquier músculo que tenía en las piernas, me costaba respirar por el peso. El TTTS hace que uno cargue mucha cantidad de líquido amniótico, más los dos bebés mas un fibroma que luego decubrí creció hasta llegar a pesar casi 1 kg. Pasaba las horas pensando, imaginando y orando. Añorando tenerlos conmigo sin el peligro constante que sabía representaba el TTTS. Trataba de disfrutar mi embarazo, pero en realidad era tanto el estrés que solo quería que llegara el día en que estuvieran fuera de peligro. Nunca me imaginé que ese día llegaría tan pronto, ni de una manera tan dolorosa. El sonido del viento me acompañó en todas esas noches, y después en algunas de enero donde no dormía estando en negación, o en estado de “shock”. Miraba las paredes a mi alrededor sin poder creer que se habían ido para siempre, cuando hace pocas noches había podido orar por ellos sosteniéndolos en mi vientre.

Anoche hacía mucho viento y frío. Ilana, con solo 2 meses y medio duerme en un adjunto a mi cama. Está haciendo la transición de dormir la noche completa sin comer. Se despertó, supe que no era hambre porque ya conozco sus gestos cuando lo es. Se movía mucho, instintivamente estiré mi brazo para tocar sus manos y estaban como pedacitos de hielo, congeladas. Rápidamente la alcé, la pasé conmigo y la metí en el centro de mi cama, entre mi esposo y yo, para calentarla. La pegué a mi pecho y sostuve sus dos manitas frías entre las mías tratando de calentarlas. El viento no cesaba de sonar y yo firmemente tomaba sus congeladas manos entre las mías. Inevitablemente regresé a las noches de dolor pensando en esas 4 manitas que nunca pude sostener. Las dos de Noah y las dos de Gael, que nunca tuvieron el calor de la vida, ni el que yo podía ofrecerles en las noches de frío. Cuanto añoro haber podido sostenerlas entre las mías, en vez de enterrarlas para descomponerse como si fueran cuerpos olvidados que nunca nadie quiso.

¡Yo no solo los amaba, aún los amo y siempre los voy a amar!
Noah y Gael no son mi pasado, también son mi presente.

Las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas como suelen hacerlo cuando duele. Es amor y es dolor entremezclado de la manera más sutil, cuesta distinguir donde termina uno para empezar el otro.

Mi relación con ellos no se terminó con la muerte, así como tampoco mi amor por ellos lo hará. Por eso nunca dejaré de hablar de ellos, nunca me encontrarán callada cuando se trata de defender que estuvieron, que de cierta manera están y que son parte de nuestra familia que de por si nunca ha sido la tradicional.

El 31 de diciembre del 2011, 5 días antes de que murieran pasamos el 31 con nuestros mejores amigos aquí en mi casa. Desde entonces lo hemos hecho igual cada año… este fue el mensaje que intercambié con mi amiga acerca de los planes de este año:

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Esos son los amigos que uno necesita, no los que tratan de hacerlo a uno “olvidar”. Después de todo ¿como se olvida un hijo? Las noches de viento y frío siempre estarán, estas fechas para siempre me harán recordar y amar con mas fuerza a esas dos almas cuyos cuerpos no pude conocer, cuyas manos no pude sostener, ni calentar ni besar… Algún día… Algún día llegará ese ansiado reencuentro.
Mientras tanto, jamás me olvidaré.

Entre Besos y Suspiros

No puedo dejar
De mirarte.
¡Llegaste!

Inmensa
Y simplemente
Apareciste.

Profundos
tus ojos me conversan.
Ellos saben
Que me alivia tu mirada
El corazón.

Medicina para mi alma.
Entre besos
Bálsamo para mi espíritu
Y suspiros.

Un remedio
Para lo que no lo tiene.

Una fragancia
Que cada día descubro
Nueva
Incandescente.

Un rayo
Entre besos
De Luz
Y suspiros.

Solo puedo
Ceder mi Todo
Ante Todo.
Lo más grande
Y majestuoso

Entre Besos
y Suspiros.

Cuatro Milagros

El 2 de abril tuve la enorme alegría de enterarme, según una prueba de sangre que acierta en un 98% de las ocasiones, que Botoneta es una niña. Ya lo presentía desde el principio del embarazo, así que para mi fue solo esperar que la ciencia confirmara lo que mi corazón ya sabía. Ha sido igual con mis cuatro hijos, durante cada embarazo ha reinado un presentimiento de que es lo que llevo dentro. Instinto materno? Intuición? Ni se a que se debe, solo se que para mi es parte de la historia de cada uno de mis hijos.

Saber desde antes de que me lo digan ❤

Hasta el momento este embarazo ha sido tan noble y tan “fácil” comparado al de Noah y Gael que a veces me cuesta creer que si es posible seguir con el ritmo normal de la vida de uno, al mismo tiempo que sucede la milagrosa gestación. Dar clases, manejar, salir a caminar y sentir el sol en mi cara cada mañana, todas cosas sencillamente maravillosas que no pude hacer mientras vivían los gemelos. Hasta he sentido culpa de que todo siga “como si nada”… Ha sido alegría tras alegría, y miedo. Mucho miedo, pero más que el miedo Amor e Ilusión como ninguna otra ocasión puede crear.

Durante estos dos últimos años tenía la idea de que los comentarios insensibles sucedían más en ocasiones de pésame o momentos difíciles pero me ha dejado sorprendida la reacción y las palabras de algunas personas al enterarse de nuestra suerte con Botoneta. Hoy a mi esposo le dijeron: “bienvenido al mundo de ser papás… ya veras que será la experiencia más hermosa de tú vida” “Te espera algo maravilloso ser Papá… y de una chica! Te vas a volver loco de la alegria”

</3 Realmente no puedo entender que lleva en la cabeza alguien que escribe o dice eso.

Hiram tiene 16 años de ser papá de nuestra hija Eva y 2 años de ser papá de Noah y Gael. Y si… si si si si me molesta que no tomen en cuenta nuestros otros hijos: Eva por no ser hija “biológica” y Noah y Gael porque no tenemos la dicha de estarlos criando.

Los hijos crecen en el corazón, el amor que sentimos por ellos se vive día con día. Sean hijos biológicos, adoptados, angelitos. Los hijos son para siempre.

También tengo que admitir que así como hay uno que otro que sale con algo hiriente, la gran mayoría nos hace sentir que entienden la verdad: que Hiram también es el papá de Eva, y que Noah y Gael son parte de nuestra historia para siempre, una parte que no se puede borrar. Que mas allá de la muerte está el Amor que continúa creciendo conforme nos vemos forzados a continuar nuestras vidas sin ellos.

Que Botoneta (aun no hemos decidido el nombre!) no viene a reemplazar a nadie y que su historia será única y hermosa por si sola. Milagrosa, como cada vida que viene al mundo. Maravillosa, frágil y pasajera como cada uno de nosotros. Con propósito y causa como han sido y continúan siendo cada uno de nuestros cuatro milagros.

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