Un Resfrío No es la Muerte

Pero a veces para nosotros las mamás, se siente como si lo fuera.

No he dejado que La Ansiedad hable durante todos estos años, mas de cuatro. La he silenciado cada vez que quiere escribir. No se lo permito.

Pero hoy no se porque, creo que es tiempo de soltar. Porque todo le aterra.

Y yo estoy cansada de vivir con miedo.

De todo.

Miedo talvez no sea la mejor palabra para describirlo, es más como pánico ó terror. De las piscinas, de las escaleras, de los accidentes de tránsito, de los ascensores, de los resfríos, los golpes, las caídas, el mar, las enfermedades, de que se ahogue con un objeto pequeño… mencioné las escaleras? Ahhh si. Esas ya estaban dentro de la lista. Miedo de ir manejando y pensar si está bien “amarrada” a su silla que con sus casi 2 años aún se sitúa hacia atrás por temor o precaución, no se cual de las dos predomina.

Y el Zika? Ahh no, el dengue. O miedo de las infecciones respiratorias que le quitan la vida a algunos pequeñitos. Miedo a la diabetes, la desnutrición, hasta los terremotos. Sueno como una loca? Perdón.

No quiero ni ver escrito lo que Ella piensa todo el día. Pero bueno, le permití hablar así que ahora que le di su espacio cuesta trabajo que vuelva a hacer silencio. Me despierta en las noches preocupada por lo que aun no ha pasado. Preocupada por Ilana, por Eva. Preocupada de como será mañana, si será igual que hoy o si en un segundo puede cambiar todo… como con Noah, como con Gael.

Después de la muerte de un hijo la vida nunca vuelve a ser igual. La alegría es mas intensa, pero la tristeza también. Nada se toma por sentado, los momentos y las personas que amamos toman otro significado, se disfrutan diferente. Todo se ve con otra óptica, ansiedad incluida. El miedo aparece mas a menudo, pero el amor también. Los nervios están a flor de piel, el dolor y los recuerdos también. La Ansiedad forma parte de mi día con día, es una constante en mi vida. Un recordatorio de que me marcó la historia de amor que no tiene fin, aun cuando esta vino teñida de angustia y preocupación sigue siendo una gran historia de amor.

Sin fin.

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El Cielo Huele a Manzanilla

No se si será normal estar un poco obsesionada con la muerte. Me pregunto si todos los papás con hijos muertos lo están, porque yo desde que Noah y Gael murieron pienso en la muerte todos los días. No es una exageración, ni tampoco es que esté deprimida ni loca, creo que simplemente pienso en la muerte como algo mas natural, le perdí el miedo. Considero que cada día y cada momento que vivo puede ser el último. Además, la muerte es lo que (espero) me va a reunir con ellos dos de nuevo algún día.

Llevo unos cuatro años de buscar videos, entrevistas y documentales acerca de que pasa cuando uno se muere. He buscado todo lo que tiene que ver con la gente que ha muerto y regresado a la vida para contarlo. Muchos describen el cielo o el infierno, yo lo que busco escuchar, mas que que existe un lugar, es que sus familiares ya fallecidos lleguen a recibirlos cuando pasan a su “próxima vida”. Cada vez que lo escucho lo quiero creer mas y mas. Es un momento que me trato de imaginar a menudo.

Noah, Gael y yo. Juntos de nuevo como antes, como siempre.

Ilana tiene una manera muy particular de conectarme con los gemelos. Digo, ella es ella, de eso no hay duda alguna. Es mas, cada día ella es mas ella. Sin embargo mentiría si digo que no hay momentos donde ella me acerca a ellos, y a lo que pudo haber sido. Hay ratos donde ella, aparte de ser ella, me lleva al cielo: al cielo del amor, porque no se puede describir de otra manera. Y ahí me encuentro con ellos dos siempre: En el hermoso cielo del amor.

En lo mas sublime nos reunimos, en aquel espacio que uno guarda solo para lo insuperable, lo indescriptible. Así debe ser el cielo a mi parecer… Cuando de noche Ilana se adhiere a mi cuerpo buscando conciliar el sueño, yo me encuentro sin pensarlo respirando profundo el aroma de su pequeña cabecita, sus rizados cabellos huelen a manzanilla. Mi corazón se ensancha, mis ojos se humedecen. Es sublime tener un pedacito de cielo aquí conmigo.

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Superar Versus Elaborar El Duelo

Ayer fui testigo de leer con mis propios ojos lo que siempre he creído que muchos piensan de mi. No es que le de mucha mente en realidad, porque he llegado a entender que somos un grupo de padres muy incomprendidos, y que falta mucha educación en cuanto al duelo de la muerte de un hijo, pero estaba en un grupo de unos 7,000 miembros y alguien pidió ayuda para una cuñada que había tenido un aborto espontáneo. Algunas con buenas intenciones me etiquetaron o mencionaron mi blog entre otras paginas que ofrecen apoyo, pero cometí el error de leer mas de la cuenta y llegué al siguiente comentario:

“Mucha gente aún no supera la pérdida y siguen miserables en sus vidas y en lugar de ayudar es todo lo contrario. Yo he leído los posts de Maripili y se nota que ella no ha superado la pérdida y en situaciones como esas una necesita alguien que lo ayude a superarla y seguir viviendo.”

Al principio como que no sentí nada porque uno tiene el mecanismo de defensa que deja el entrenamiento de haber estado en el “ojo publico” (aunque sea de nuestro diminuto país) durante ya casi 22 años. Me quedé como en neutro, Después mi corazón se encogió y para ser honesta me dolió. Lo leí varias veces y entre mas lo leía más me dolía. Sentía indignación, enojo, incomprensión. Tenía la necesidad de explicarme y por eso decidí escribir este post.

Hay tantas cosas que me gustaría que sepan todas las personas que piensan así de mi o de algún otro papá o mamá en duelo, les comparto algunas:

  • Si mi blog (o algún otro recurso) no les ayuda no tienen porque leerlo. Hay muchos otros.
  • Cada cosa que escribimos los padres en duelo no solo tiene la intención de ayudar, si no que tiene el propósito de que otras mamás o papás no se sientan solos o incomprendidos, eso en sí ya es una ayuda.
  • Nuestra vida no es miserable, todo lo contrario: yo puedo decir, a los 4 años de la partida de 2 de mis hijos que aparte del vacío que ellos dejaron, soy inmensamente feliz.
  • “Se nota que ella no ha superado la perdida” es asumir sin conocer, sin empatía de ningún tipo y sin respeto alguno por el proceso de cada quien, en este caso el mío.
  • Hay mucha ayuda en línea y algunos grupos de apoyo, pero decir que porque yo o otros recursos hablan de tristeza eso “no ayuda a otros a superar el duelo y seguir viviendo”es un engaño.

¿Superar la muerte de Noah y Gael? Creo que eso nunca va a pasar, así que en efecto ella está en lo correcto. No lo he superado, y no se si algún día lo llegue a superar. Lo que si he hecho es elaborar mi duelo a mi manera: este blog, la danza, la naturaleza, los grupos de apoyo, la música… todos han sido herramientas esenciales para elaborar mi duelo. Así lo escogí, y me siento satisfecha con mi decisión.

Encontré una definición hermosa de elaborar: “Transformar en sustancia asimilable” Eso es precisamente lo que siento que he tratado de hacer en estos años… transformar el dolor en algo que puedo asimilar.

En cambio, la definición de superar es: Pasar con habilidad y éxito un obstáculo o dificultad, o una situación difícil o peligrosa, sin dejarse detener o sin desanimarse.

Pasar con habilidad y éxito!?! Sin desánimo?! Por favor…

Si alguna mamá siente que ha superado el duelo de la pérdida de su hijo yo se lo respeto al 100%, después de todo si algo me enseñaron los gemelos fue eso. Pero para mi, el dolor de la pérdida de ellos es algo casi sagrado, y en eso me comprenderán pocos… pero está bien.

Continuaré hablando mi verdad porque es la única que conozco.

Así que si, definitivamente no he superado mi duelo, creo que nunca lo “superaré” al menos no con la descripción anterior de esa palabra, yo espero que nunca llegue ese día. Pero si hay algo que es importante y que quiero que la gente que no me conoce entienda: estar en duelo, extrañarlos, hablar de ellos no me impide ser feliz y plena. Una cosa no excluye a la otra.

Los duelos no tienen un marco de tiempo, no suceden igual para nadie, no se deben comparar y no están hechos para ser entendidos, solo para vivirlos cada uno a su manera y para respetarlos. Después de todo son lo que queda de un gran amor.

Mas empatía, más tolerancia… ¡Cuanto nos hace falta!

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El Amor Lo Vale

“El Amor vale el extraordinario dolor que a veces ocasiona.”

Aunque en la tumba de Noah y Gael yacen sus cuerpos, ahí no están ellos dos. Me tomó tiempo, pero lo logré entenderlo despues de años de confusión. Aun así, he logrado comprender que en ese lugar yo enterré mas que sus restos. Enterré mis sueños e ilusiones, las de verlos crecer cada día, las de verlos empezar proyectos y conocer sus gustos y personalidades.

Enterré sonrisas y abrazos, no los de hoy ni los de ayer… sepulté los abrazos y besos que debería de tener todos los días. Cada día entierro algo en este lugar cuando los imagino, entrando a clases, en sus uniformes. Cuando de noche beso las mejillas de Ilana o Eva pero me faltan las de ellos.

Entierro cada día los recuerdos que nunca fueron . Las esperanzas de tenerlos muchos años conmigo.

Sepulto cada día el anhelo de tener a mi familia completa.

La otra noche Ilana hizo algo que nunca había hecho, y que desde ese día nunca volvió a hacer. Se despertó en la madrugada como a las 3 am y se tomó su leche como de costumbre, pero esta vez no se volvió a dormir. Comenzó a moverse entre dormida y despierta. No se despertaba por completo pero tampoco lograba un sueño profundo. Daba vueltas de un lado al otro y como duerme en nuestra cama yo no podía tampoco dormir de sentirla tan inquieta.

De repente hizo algo que sí hace desde pequeña: se adhirió a mi cuerpo por completo como buscando calor y normalmente cuando hace eso cae dormida, pero ese día no. Entonces se subió en mi pecho y acomodó su cabeza ahí. Me abrazó. Yo renuncié a mi sueño solo para sentir ese momento tan nuestro de noche. Sin advertencia alguna, tomó mis mejillas en sus manos y empiezó a darme besos… uno, dos, tres, cuatro, cinco hasta unos ocho besos… en mi cara y en mi cuello. Me abrazaba. No podía creer la belleza de lo que estaba sucediendo. Me conformé con disfrutarlo mientras estabamos tan unidas, conectadas corazón a corazón. Eventualmente se durmió y yo hice lo mismo… sumida en una alegría inexplicable.

Al despertarme al día siguiente mi primer pensamiento me aclaró todo. Los besos venían de parte de los tres. Lo interpreté con el corazón y fue fácil entenderlo de esa manera. El “ataque” de besos en la madrugada no fue una casualidad, si leo entre las líneas. Tanta ternura mezclada con tanta inocencia tiene su origen claro para mi. Pasé la mañana inmersa en el dulce recuerdo de esos 30 minutos. 

Me siento realmente bendecida de que mi conexión con ellos dos se mantenga tan viva. Aunque sea todo lo que tengo, eso y recuerdos. Lo demás lo entierro a diario y como duele, pero el amor lo vale.

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¿Según tu Fuerza Así Será tu Castigo?

“Dios le manda las pruebas mas difíciles a sus soldados mas fuertes”

En un corto resumen esa frase me rompe el corazón. En las pocas ocasiones que me la han dicho siento que me están informando que por ser tan fuerte me tocó la prueba mas difícil. Como si yo hubiera escogido ser fuerte, es mas ni siquiera me considero lo que la gente llama “fuerte”. Soy hipersensible y extra vulnerable. Lloro por todo y las cosas me afectan más de lo que deberían, los que me conocen bien son testigos.

Mi vulnerabilidad puede que sea mi peor debilidad pero también es mi mas grande virtud. Se equivocan cuando me llaman fuerte, valiente quizás, pero fuerte? No…

Después de la muerte de un hijo uno continúa porque no tiene opción.

¿Y si sacamos a Dios de la ecuación? Mis hijos murieron por una enfermedad. Me tocó vivir esto porque tuve mala suerte, no por karma, ni porque soy mala, ni porque “Dios sabe lo que hace” No…

¡Dios NO me escogió para ser mamá de un ángel! ¿Saben porque no lo creo? Porque Dios es bueno y yo, que no soy ni la mitad de buena, NO LE DESEARÍA ESTO NI A MI PEOR ENEMIGO… ¿Creen que me siento halagada cuando me dicen que Dios me “escogió” para esto? Lo que me siento es insultada. Además me produce ira con Dios, si fuera que el escogió esto para mi, prefiero seguir imaginándolo como El que me ama enormemente.

Ya se que mucha gente encuentra consuelo en estas frases, eso lo respeto pero no lo puedo compartir. Así que: si sos como yo, y no entendés como la gente puede decir palabras como esas a alguien después de la muerte de un hijo NO ESTÁS SOLA.  Te acompaño, yo no entiendo porque “Dios es bueno” cuando mi bebé nació sano y no “es malo” cuando mi bebé se murió. Tampoco entiendo como Dios me podría odiar tanto como para hacerme pasar por esto cuando El creó el amor incondicional de la maternidad y lo sembró en mi corazón. El no “se llevó” a mis hijos. El síndrome de transfusión feto fetal me los quitó. Prefiero odiar y maldecir a esa enfermedad si algún día necesito hacerlo.

A Dios prefiero mantenerlo lejos de todo este enredo. Así puedo continuar mi relación con El sin estar peleando constantemente.

El está, ha estado siempre y es Bueno. El no me “escogió” para quitarme a mis hijos en vida. Tampoco me mandó la peor prueba porque cometí el error de ser fuerte, simplemente soy un ser humano al que le pasó lo que nadie quiere que le pase… que le puede pasar a cualquiera: malo, bueno, fuerte, débil. No hay un denominador común entre los que hemos perdido hijos y me niego a pensar que las pruebas mas difíciles les son enviadas a las personas mas fuertes. No podría creer en un Dios así, mi corazón no me lo permite. Prefiero sacarlo de la ecuación para tener algo de paz… Al menos yo puedo asegurar después de 4 años de vivir con este dolor, que eso es lo que mas me funciona.

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Desde los Ojos de una Abuela

Hace unos días mi mamá publicó esto en su muro personal de Facebook… me encantó porque es su perspectiva como abuela de la experiencia de haber perdido a sus nietos. Ella también ha dolido inmensamente al igual que nuestra familia. Se los comparto porque mucha gente me pide leer la perspectiva de otros familiares acerca de la muerte de Noah y Gael. Aquí les va algo de los sentimientos de mi hermosa mamá.

Esta noche cuando llegue a acostarme leí lo que Maripili había escribo en su blog sobre los gemelitos: Mi hijo nació, porque no me preguntaron si quería verlo?

Y es que precisamente esa misma noche que mi hija escribió este mensaje, yo había recordado la historia que vivimos con Noah y Gael porque unas amigas que no había visto hace tiempo me preguntaron que había pasado.
Al leer lo que escribió mi hija, me pregunté, qué sentí yo como abuela? Que sentí al ver sufrir a mi hija, mi nieta Eva y mi yerno Hiram y además perder a mis gemelitos? Qué viví? Como fue mi dolor?
En realidad tengo que decir que me paralice, me congelé……. No sabía que decir, como actuar, qué pensar??? Me dolía el corazón por haberlos perdido, y a la vez veí la cara de mi hija y el alama se me desgarraba, volvía a ver a Hiram y no podía sostenerle la mirada tampoco, sus ojos estaban hinchados de llorar…….. Eva no estaba presente, después me tocaría enfrentarme a ella, porque esa noche me fui a dormir con ella
Jamás, jamás lo esperé…… nunca me imaginé un desenlace tan duro, tan cruel….. ya estaban para nacer, había sido un embarazo difícil, de muchos cuidados, pero creíamos que había válido la pena.
Con resignación, impactada, con asombro, con dolor, en estado shock había quedado, y creo que me duro varios días, tal vez meses, o quizás años….. todavía lloro cuando recuerdo el evento.
Sufrí por ellos, sufrí por mi hija, por Eva y por mi yerno. No había lugar para donde volver a ver, la casa se lleno de dolor, de pesadumbre, de neblina…… No sabía que decirle a Maripili, recuerdo que ella me preguntó: Mami que hice mal? Y le contesté: Nada mi amor, nada, la vida a veces es así. Tampoco me permitieron ver a Noah, me decían que estaba en la morgue y me quedé paralizada, no pedí verlo, aunque después tendría la dicha de verlo. A Gael si lo ví, luchando por vivir en la encubadora, muy cansado…. Salí y le pregunté al doctor, usted cree que viva? Y me dijo: no, no va a vivir. Me fui para la habitación de mi hija, con el corazón hecho un puño, sin poder decirle lo que el médico me había dicho, nuevamente paralizada, en silencio, tragándome las palabras, evitando sentir, sin mostrar mi deseperación…..
Llegué a la casa a estar con Eva, las dos estábamos paralizadas, debo explicar que Eva se iba al día siguiente en su crucero de 15 años, ella me había invitado, me dijo que quería que la acompañara, yo me sentí muy orgullosa y por supuesto, pague todo el paquete, y como es ella me advirtió: eso si Tita yo voy a dormir con mis amigas, pero nos vamos a estar viendo, ella siempre sincera y llana conmigo, pero ya no podía irme y dejar a Maripili e Hiram con ese dolor……
Esa noche nos acostamos a dormir, y a las 12 sonó el teléfono para darnos la segunda mala noticia, Gael había muerto…….. paralizadas y resignadas, como quién lo esperaba, pero guardando la esperanza que tal vez Dios haría un milagro, recibimos la segunda mala noticia, había muerto Gael el que creímos que viviría.
Eva por otro lado me decía: Tita me siento irresponsable irme en mi crucero, se murieron mis hermanitos……. Y le dije: mi amor, ya ellos no están aquí con nosotros, pero solo una vez en la vida se cumplen 15 años y todo esta listo para que te vayas, tu mama y papa dicen que lo hagas…….
Y así al día siguiente, paralizadas las dos, caminando como zombies, nos fuimos al aeropuerto para que disfrutara de su viaje de 15 años, marcado con el dolor de la muerte de sus hermanitos.
El dolor de Maripili e Hiram era tan tan grande que me pidieron que fuera a recogerlos a la morgue para colocarlos en el ataúd blanco, blanco, como sus corazones, mentes y almas. Entré al lugar y me coloqué frente a dos cobijitas blancas, una al lado de la otra…….. las ví y dije, tengo que desdoblarlas y verlos…….no sabia, no quería, no entendía……. Y procedí a verlos…… tengo que explicar que viví un momento sublime, un momento espiritual…… a la vez que lloraba y oraba gritaba, Jehová dió, Jehová quitó, sea su nombre bendito y empecé a orar al ver la perfección de su creación, eran iguales, exactamente iguales, quién podía hacer dos seres humanos tan tan iguales solo EL. Lloraba y oraba, oraba y lloraba, lo alababa, solo EL podía haberlos hecho asi, eran 2 muñequitos, sus pestañas, sus ojitos cerrados para siempre, sus boquitas nunca las vería sonreír, sus manitas, sus piernas, sus…. eran exactamente iguales y si recuerdo que les dije la alegría que nos dio saber que eran gemelos, les dije lo felices que habíamos sido mientas los esperábamos, les dije que los amaba con todo mi corazón……. Los tome con mucho cuidado y empecé aponerles sus ropitas, los envolví y los coloqué uno al lado del otro en le ataúd. Así como habían estado en el vientre juntitos, ahora se iban juntos ….. para siempre.
Esta es una historia triste, muy triste, pero también es una de mis anécdotas con mis nietos Noah, Gael y Eva.
Las cosas no suceden por casualidad, estoy escribiendo esta historia y en la música que esta puesta escucho la canción: Yo te extrañaré desde el cielo…… ellos cantándome, son bellos mis angelitos.

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Mi Hijo Nació ¿Porque No Me Preguntaron si Quería Verlo? 

Hay cosas que he tenido que ver que hubiese deseado nunca haber visto. Mis dos hijos muertos, en su ataúd blanco, con sus ropitas blancas no son una de esas.

Mientras estuve internada en el hospital no pude ver a Noah cuando nació. No porque no pude, no. No vi a Noah porque no me dieron la opción de verlo. Tengo que repetir ese pensamiento para creer que me sucedió, aun 4 años después: Mi hijo nació muerto y no me preguntaron si quería verlo. Mi esposo si lo vio, todavía arropadito con las mantas del cuarto de cirugía. Le tomó (por iniciativa propia) una única foto, la cual en ese momento no sabíamos que se convertiría en uno de nuestros mas grandes tesoros.

Pero y a mi!? A mi nadie me recomendó verlo. Nadie, nunca me dijo lo que me ayudaría a sanar en el camino tener una imagen conectada con su nombre. Poderme despedir en privado. Poderlo abrazar. Y aunque hubiese dicho que no quería verlo, hubiese querido que fuera MI decisión.

Estimados señores del Hospital San Juan de Dios: era mi derecho escoger si quería verlo. Era SU deber preguntarme si quería pasar tiempo con el, independientemente de mi estado de ánimo o de mi estado físico.

Creo que hay mucha gente que vive hermosos años con sus hijos que luego mueren… tienen muchas fotos con ellos, y después no quieren recordarlos muertos. Entiendo eso y lo respeto completamente, pero no es mi caso.

Gael nació vivo. Apenas llegue al cuarto luego de la horrible recuperación post cirugía, pedí verlo. Las enfermeras me dijeron que primero tenía que concentrarme en recuperarme yo y que después habría tiempo para verlo a el. En serio, eso me dijeron…

Supongo que el pediatra habló con ellas y les explicó que Gael no tenía tiempo. Las hizo cambiar de opinión, porque a las 2 horas mi esposo me estaba empujando en silla de ruedas para ir a verlo. Llegué hasta donde el estaba sola, bueno junto a mi esposo. Nadie nos instruyó si lo podíamos tocar o abrazar. Fue el encuentro mas torpe que me podría imaginar. Yo en estado de “shock”, Gael completamente entubado, sin vida ni movimiento ni llanto, mi esposo tratando de “ser fuerte” para mi. Nada era como debía haber sido, y no había nadie que nos guiara por aquel horrible trayecto.

Cuando Gael murió era la media noche. Mi esposo llegó a darme la noticia a un cuarto lleno de mujeres embarazadas o con bebés recién nacidos que me acompañaban, ahí en silencio lloramos abrazados. No teníamos donde ir.

Fue 3 días después, cuando los enterramos, cuando finalmente recibí algo de guía de alguien que se apiadó de nosotros. Yo pedí que la ceremonia se hiciera con el ataúd cerrado, porque no quería que nadie los viera. El pastor Milton Rosales dirigió la ceremonia en una diminuta capilla, de la ceremonia no recuerdo ni una sola palabra, pero al despedir al puño de gente que nos acompañó y decirles que se dirigieran hacia donde iban a ser enterrados Noah y Gael, se volvió hacia Hiram y yo y nos dijo:

“Quédense aquí a solas en la capilla, vean a sus hijos y despídanse de ellos… tómense su tiempo porque es importante, los esperamos allá”

El mejor (y casi único) consejo sabio que recibí en medio de todo ese dolor. En todos los días que estuve internada ni una sola enfermera tuvo palabras acertadas, empatía suficiente para sostenerme de la mano o la inteligencia emocional de consolarme aunque fuera con un abrazo. Y bueno, no vayamos tan lejos, hasta un cuarto aparte para poder llorar hubiera sido de gran ayuda.

Tengo que admitir que mi Dr fue un angel, pero estuvo poco presente hasta después de que los enterramos. Me rompe el corazón pensar que todos los días hay mujeres pasando por lo mismo en ese hospital, pero me duele todavía mas pensar que pasan por las mismas circunstancias con esas sutiles agresiones o negligencias.

¿Que nos pasa?

¿Que hace falta para que esto cambie? ¿Solo yo tuve una experiencia tan inhumana en un hospital público o hay otras como yo? ¿A cuantas les ofrecieron ver a sus bebés? Me ha tomado 4 años poder hablar de esto con mas claridad, talvez hay muchas que como yo se sienten “incapacitadas” de hablar. O tienen miedo, yo antes lo tenía, pero ahora no. Hablo porque importa, y porque no solo importan mis hijos y mi experiencia (porque ya pasó) si no que importan las mujeres que a futuro les va a tocar enfrentar este dolor.

Por ellas y por ellos, de ahora en adelante, a mi nunca me encontrarán callada.

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