¿Hablemos del Dolor en Vivo?

Octubre es el mes en el que las mujeres que hemos perdido hijos recordamos y hablamos de lo importantes que son en nuestra vida, aunque ya no estén. Yo acostumbro a hablar de Noah y Gael siempre, pero me encanta que hayan designado una fecha para romper el silencio acerca de las historias de nuestros hijos. Hace días yo decidí hacer lo mismo, pero de una manera diferente…

Desde que empecé este blog me han escrito cientos de mujeres que han perdido hijos. Cada mensaje que leo me rompe el corazón. Siempre recomiendo los mismos recursos que son maravillosos para el duelo: las revistas en línea, los grupos de apoyo, los blogs. Pero hace semanas tengo una idea en mi cabeza que no me deja en paz, así que… después de hablar con algunas de las personas mas cercanas a mi proceso de duelo, tomé la decisión de hacerlo. Es algo atrevido para mi, quizás para cualquiera que ha pasado por este infierno, pero en mi corazón algo me dice que es el momento. Les explico mejor:

No todos los hombres y mujeres pueden ir a grupos de apoyo: a mi por lo menos mi horario de trabajo me lo impide. Habrá quienes además se sienten muy expuestos o inseguros “en vivo”. Los recursos en línea son maravillosos pero no hay interacción inmediata. Así que me gustaría que hagamos una cita, una transmisión con un chat en vivo donde podamos hablar del dolor. Un grupo de apoyo virtual donde hombres y mujeres, desde la comodidad de su casa puedan llorar, preguntar, reclamar o tan solo ser escuchados y leídos por otras personas con experiencias similares. Además de hacer comunidad, creo que de esta manera también podemos indirectamente proveer información a la gente que nunca ha pasado por este proceso, podemos darles mejores herramientas por si algún día les toca ayudar a alguna amiga o familiar a través de tanta oscuridad.

Voy a transmitir en vivo desde mi perfil personal de facebook el domingo 23 de octubre a las 5:00 pm. hora de Costa Rica. Espero que me acompañen y que participen con preguntas, comentarios o tan solo escuchando y leyendo a los demás. Se que toma algo de valor ser parte de algo así, pero es importante romper el silencio de todas las maneras que podamos. Me pueden acompañar desde cualquier parte del mundo. Hablaré de Noah y Gael por supuesto y de su historia, pero también de como he llevado mi proceso de duelo en estos casi 5 años. Espero su apoyo, de hecho lo necesito!! Conversemos, compartamos, rompamos el silencio y hablemos de nuestros amados hijos sin tabúes.

“Hablemos del Dolor” Chat en vivo para padres que han perdido hijos

Transmitido desde el perfil de Facebook: Maripili Araya

Domingo 23 de octubre 5:00 pm hora de Costa Rica

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Lo que mi Cuerpo Conoce

He perdido unas 40 libras y después de muchos años de no hacer ejercicio hace un mes volví a clases de ballet. La pérdida de peso sido una transición y un proceso de mucha entrega, de retomar hábitos perdidos y reinventar algunos nuevos. Hace un tiempo traté de disciplinarme con el gimnasio y no lo logré. Se sentía como algo ajeno, frío y con poco significado tras el esfuerzo. No logré hacer una conexión suficientemente significativa como para continuar.

El otro día, mientras hacía la barra de la clase de ballet, me preguntaba porque se me hace relativamente fácil retomar esta disciplina mientras que otras se me hacen imposibles de asumir. Mientras lo pensaba me percataba de que mi cuerpo estaba haciendo lo que sabía hacer muchos años atrás, y que se sentía algo como recordar.

Hay un cierta belleza inexplicable en recordar. 

Rotar, alargar, alinear, buscar, sentir. Todo me era familiar, mi cuerpo y mi mente lo conocen bien. A mis 41 años la danza ya no es lo que era antes para mi cuerpo, pero para mi mente y mi corazón nada ha cambiado. El movimiento suele sanarme como pocas cosas lo hacen, es una necesidad básica para mi ser. También mi alma y mi espíritu lo conocen, es una familiaridad cómoda, un amor que ha echado raíces confortablemente en mi corazón durante años…

Como suele pasar cuando pienso en el amor, Noah y Gael se asoman. Después de todo, mi cuerpo también los conoce. Recuerdo su calor, sus movimientos. Ellos no eran (o no son) como Ilana, nunca se movieron tanto. No se si era por falta de espacio, por el estúpido STFF o porque simplemente tenían otro temperamento que es lo que prefiero pensar. Mi alma los conoce también, está entrelazada con las de ellos. Me son familiares, amores viejos que forman parte de mi ser. Y al igual que la danza, me sana recordarlos.

Si no respiro profundo las lagrimas se pudieron haber asomado fácilmente a esa clase porque, como suele hacer la danza, ella siempre me lleva camino hacia lo mas profundo de mi y de mi corazón, a ese lugar donde por mas que intente no puedo ocultar nada. Es lo que me conecta con mi Ser… Son tantas las cosas que el movimiento hace por mi: recordar, abrazar, arraigar.

Me acomoda cuerpo y alma donde, por supuesto, están ellos dos.

No hay nada que me haga sentir tan viva como el movimiento, para mi es totalmente lo opuesto de la muerte. Es el abrazo de la vida, la respiración del organismo, la existencia misma. Extrañamente e igual que con la danza, no hay nada que me haga sentir tan viva como pensar en Noah y Gael. Ellos de cierta manera me devolvieron la existencia que llevaba años de no abrazar ni comprender. Sí, recordar me hace bien: con el cuerpo, con el alma. Es indispensable para mi regresar a los amores viejos que se sientan tan cómodamente en mi alma.

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Lo Importante de Llorar

Lo importante de llorar de vez en cuando, es que puedo sacar de alguna manera lo que tanto trabajo me cuesta llevar por dentro: el tormento que siente mi corazón que ya tan poco comparte con los demás. Es como si fuera algo que se ha convertido en mío. Antes hablaba mas de ustedes, ahora no. Mi boca decide guardar silencio y se me queda todo por dentro. Solo cuando lloro libero.

Un día, dos días.

Un minuto, una hora.

Una lagrima o unas cuantas…

Suelto lo que llevo apuñado en el corazón: dolor, amor… la necesidad de abrazarlos sin conocer sus cuerpos. El deseo de que sus corazoncitos aun latieran. La frustración de no haber podido cambiar el desenlace, el suplicio de recordar la tragedia.

No puedo resistir el bálsamo que es llorar. Tampoco puedo, al recordar mis días con ustedes, dejar de sentir que me faltan… con cada parte de mi alma, cada parte de mi espíritu, cada parte de mi mente y de mi cuerpo. Es como que todo mi ser quisiera gritar, lanzarse al vacío para escapar lo que me persigue a diario. El dolor de que no están conmigo, o tal vez si, pero no como yo quisiera.

No quiero imaginar la descomposición de sus cuerpecitos, los que tanto amo. Quiero quedarme con la imagen de sus almas libres pero la pesadilla de su diminuto ataúd blanco me persigue.

Por eso necesito llorar.

Solo de vez en cuando.

Cuando ya no soporto.

Hace tanto no los sueño, quisiera que me visitaran de noche… nunca tengo miedo cuando son ustedes. Es como que volviera a estar completa cuando los siento conmigo. Mientras tanto lloro, porque me alivia, porque lo necesito. Cuatro años después y aun, porque seré su mamá toda mi vida.

Espero ansiosa del reencuentro que ansío esté lleno de risas y pueda dejar atrás las lágrimas, para siempre.

Juntos los tres, como antes. Juntos los tres como siempre.

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Los Recuerdos Nunca Mueren

“No se puede extrañar lo que nunca se ha tenido”

¿De verdad la gente cree esto?. Lo escucho todo el tiempo. No entiendo como de repente nos acostumbramos a decir cosas sin pensar.

Yo nunca tuve a mis hijos vivos afuera de mi vientre. Nunca los sostuve en mis brazos, no los pude mirar a los ojos. Y no puedo explicar cuanto extraño cada una de estas cosas, bueno ni siquiera me atrevo a intentarlo. Porque para mucha gente no tiene sentido extrañar lo que nunca se tuvo. Para mi tiene todo el sentido del mundo.

Yo extraño que estén bajo mi mismo techo, con sus hermanas. Con su papa y yo. Extraño haberlos visto crecer durante estos 3 años, extraño las palabras que nunca dijeron, el llanto que nunca escuché, los abrazos que nunca me dieron. Extraño no tener mas recuerdos con ellos.

A veces por las noches todavía me despierto casi en llanto, con la sensación de haber perdido algo irremplazable, algo irrecuperable. Dormida no se que es, pero al despertar entiendo que son ellos. Todavía… 3 años después recuerdo mas que bien.

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Esta foto la tomamos en su tercer cumpleaños, por primera vez Ilana nos acompañó al cementerio. No la había compartido, como muchos recuerdos de ellos son memorias que se quedan clavadas en mi pecho, llegan a mi mente con algo de dolor y algo de alegría. Esperan para ser escritas poco a poco. Este día no hubo tanto llanto como cuando cumplieron dos, hubo mucho silencio y agradecimiento de tener a sus hermanas con nosotros.

Hace unos días regresaron los 2 pájaros al balcón de su cuarto, los vio Hiram y los vi yo. Posaron lo suficiente para poderlos fotografiar. Recuerdo aquellos primeros días después de su muerte…

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Unos días después llego a la academia por la tarde a trabajar y camino por los pasillos de los salones hasta llegar al final, donde un hombre con gabacha negra me da la espalda. Cuando me acerco se da la vuelta y siento que mis rodillas me van a traicionar, empiezan a temblar. Es el médico que me hizo la cesárea en el Hospital San Juan, el que se encargó de sacar a mis hijos de mi cuerpo. Noah ya sin vida, Gael con una anemia tan fuerte que ni siquiera lloró al nacer. Me mira a los ojos y no puedo evitar revivir algo de la pesadilla, quiero sentarme a llorar pero nadie entendería. Sigo de pié, no se como, converso casualmente con el como si fuera una persona normal para mi. Por dentro estoy tratando de sostener los pedazos de una parte de mi que ha sanado. No por completo aún, todavía falta camino… pero la pesadilla de ese hospital es lo único que quisiera olvidar de la historia de los gemelos. Por supuesto que nada fue culpa de el, el solo estaba haciendo su trabajo. Recuerdo que parecía estar tan preocupado por mi.

Hoy alguien me preguntó por ellos, casualmente en el supermercado. Salude a una conocida y me preguntó que cuantos meses tenía mi bebé. Le contesté que 7 y medio.
“No sabía que habías tenido otro” me dice.
La miro confundida porque no creo que se refiere a Eva.
“Es que yo te vi en el embarazo anterior” me dice.
“Ahhh si el de los gemelos” le contesto.
“Siii, que valiente tenés 4!”
“No, los gemelos se murieron.”
Me mira con esa cara de que-verguenza-porque-pregunté.
“Tranquila” le digo “No me incomoda hablar de ellos, todo lo contrario, me encanta.”
Ahora me mira mas confundida que nunca.
Se que ya no hay nada mas que pueda explicar ni decir para que ella no se sienta mal, y menos para que entienda.
Se despide de mi rapidamente. Se va apenada.

Mi corazón duele, odio decir que no están conmigo. Pero también salta de alegría de que sean recordados. Por eso también es que escribo, porque aunque le incomode a la gente, yo nunca dejaré morir sus recuerdos, ni dejaré de extrañar lo que nunca tuve en mis brazos.

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Esta es otra historia.
No estaré sola.
Todo será diferente.

Esta vez voy a dar a luz a Vida.
La muerte ya pasó por mi vientre.
Me desgarró el corazón y el alma, ya me destruyó la vida.
Esta vez voy a ver la luz.

Mis oraciones serán escuchadas,
Dios estará conmigo

Me sentí abandonada por años.

Ahora solo quiero encontrar el calor de la Vida en mi bebé.

Me he sentido incomprendida, sola y rota.
Por mucho tiempo.

Merezco un parto sin dolor de alma.
El cuerpo lo aguanta todo y sana rápido.
El alma no.

Me merezco un parto en el que no sea violentada mi dignidad, donde mis derechos como mujer sean respetados.

Esta vez será diferente.

Esto es algo de lo que me repito todos los días y todas las noches cuando me visita el miedo. Llevo días de querer sentarme a documentar lo que siento antes de nacer ilana. Tantos sentimientos encontrados, parecidos y otros diferentes a mi ultima experiencia…

Tanta luz con rastros de oscuridad.
Tanto apoyo con destellos de soledad.
Tanto amor con recuerdos de profundo dolor.
Tanta vida entremezclada con las imborrables imágenes de la muerte.
Tantas ganas de que todo fuera diferente
Para disfrutarlo de otra manera…

Desde Mi Balcón

Esto es lo que pasa en mi balcón. A veces.

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Hay días. Así.

Y no puedo decir que sin buscarlos me aparecen… Porque siempre los estoy buscando.

Es imposible no hacerlo.

Son tan parte de mi.

El otro día los gemelos de mi vecina celebraron su cumpleaños en nuestro patio compartido. Estuve agradecida de verme obligada a salir a hacer vueltas en lugar de tener la tentación de contemplarlos desde mi balcón preguntándome como hubiéramos celebrado los 2 años de Noah y Gael. Preguntas que nunca tendrán respuesta.

Esta semana he hablado de ellos con extraños que no conocen su historia ni la mía, la mayoría me pregunta que si Ilana es mi primer hija o mi primer embarazo y a veces explico. A veces no, depende de la persona y del momento. No los comparto con cualquiera como un tesoro bien guardado. Uno que quisiera lucir siempre en mis brazos. Guardo cierto recelo de las expectativas de como pueden reaccionar los extraños ante algo que simplemente me hace un puño el corazón, algo que me provoca en un segundo dolor físico en el pecho y falta de aire.

A veces la vulnerabilidad es mi armadura. A veces. A veces no la quiero cerca y le huyo como si fuera una tormenta que me persigue. Tanto dolor que quisiera me fuese desconocido.

A veces la ira es la que se convierte en mi armadura, se me hace necesario aceptarlo porque es la realidad. Quisiera que desapareciera esa etapa del duelo, ese enojo que nunca toca fondo. Se asoma en cualquier momento y me veo atrapada en su calor.

Sin salida.

Llevo semanas sin sentarme a escribir porque me desgasta tanto emocionalmente el proceso, y a la vez lo necesito tanto para de alguna manera sacar de adentro y limpiar un poco el alma. Es como desalmacenar lo que lleva rato de estar empozado.

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Es como seguirlos buscando con algo de paz, con algo de la cotidianidad. En todas partes, en todo momento, por todos lados.

Y siempre en mi lugar favorito, nuestro balcón ❤ ❤