A Veces Todavía

A veces todavía
Mientras duerme
Me acerco a su cuerpo
Para asegurarme
De que aun respira.

A veces todavía
Me asombra el calor
De su piel, su color.
Sus ojos abiertos
Radiantes de luz y vida.

A veces todavía
La miro y deambulan
Por mi mente
Mil preguntas
Sin respuesta.

Preguntas de ellos. De nosotros.
De como seríamos juntos.

A veces todavía
Su sonrisa dibuja
Mis lágrimas
Cuando imagino
Las de ellos dos.

A veces me pregunto
Me sorprendo imaginando
Lo que nunca será.

Lo que pudo haber sido
Me persigue, me hostiga
Solo para escaparse
En son de burla
Como agua entre las manos.
Me acuerdo del fin
De mis sueños
Mas no de mi amor.

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Un Resfrío No es la Muerte

Pero a veces para nosotros las mamás, se siente como si lo fuera.

No he dejado que La Ansiedad hable durante todos estos años, mas de cuatro. La he silenciado cada vez que quiere escribir. No se lo permito.

Pero hoy no se porque, creo que es tiempo de soltar. Porque todo le aterra.

Y yo estoy cansada de vivir con miedo.

De todo.

Miedo talvez no sea la mejor palabra para describirlo, es más como pánico ó terror. De las piscinas, de las escaleras, de los accidentes de tránsito, de los ascensores, de los resfríos, los golpes, las caídas, el mar, las enfermedades, de que se ahogue con un objeto pequeño… mencioné las escaleras? Ahhh si. Esas ya estaban dentro de la lista. Miedo de ir manejando y pensar si está bien “amarrada” a su silla que con sus casi 2 años aún se sitúa hacia atrás por temor o precaución, no se cual de las dos predomina.

Y el Zika? Ahh no, el dengue. O miedo de las infecciones respiratorias que le quitan la vida a algunos pequeñitos. Miedo a la diabetes, la desnutrición, hasta los terremotos. Sueno como una loca? Perdón.

No quiero ni ver escrito lo que Ella piensa todo el día. Pero bueno, le permití hablar así que ahora que le di su espacio cuesta trabajo que vuelva a hacer silencio. Me despierta en las noches preocupada por lo que aun no ha pasado. Preocupada por Ilana, por Eva. Preocupada de como será mañana, si será igual que hoy o si en un segundo puede cambiar todo… como con Noah, como con Gael.

Después de la muerte de un hijo la vida nunca vuelve a ser igual. La alegría es mas intensa, pero la tristeza también. Nada se toma por sentado, los momentos y las personas que amamos toman otro significado, se disfrutan diferente. Todo se ve con otra óptica, ansiedad incluida. El miedo aparece mas a menudo, pero el amor también. Los nervios están a flor de piel, el dolor y los recuerdos también. La Ansiedad forma parte de mi día con día, es una constante en mi vida. Un recordatorio de que me marcó la historia de amor que no tiene fin, aun cuando esta vino teñida de angustia y preocupación sigue siendo una gran historia de amor.

Sin fin.

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El Cielo Huele a Manzanilla

No se si será normal estar un poco obsesionada con la muerte. Me pregunto si todos los papás con hijos muertos lo están, porque yo desde que Noah y Gael murieron pienso en la muerte todos los días. No es una exageración, ni tampoco es que esté deprimida ni loca, creo que simplemente pienso en la muerte como algo mas natural, le perdí el miedo. Considero que cada día y cada momento que vivo puede ser el último. Además, la muerte es lo que (espero) me va a reunir con ellos dos de nuevo algún día.

Llevo unos cuatro años de buscar videos, entrevistas y documentales acerca de que pasa cuando uno se muere. He buscado todo lo que tiene que ver con la gente que ha muerto y regresado a la vida para contarlo. Muchos describen el cielo o el infierno, yo lo que busco escuchar, mas que que existe un lugar, es que sus familiares ya fallecidos lleguen a recibirlos cuando pasan a su “próxima vida”. Cada vez que lo escucho lo quiero creer mas y mas. Es un momento que me trato de imaginar a menudo.

Noah, Gael y yo. Juntos de nuevo como antes, como siempre.

Ilana tiene una manera muy particular de conectarme con los gemelos. Digo, ella es ella, de eso no hay duda alguna. Es mas, cada día ella es mas ella. Sin embargo mentiría si digo que no hay momentos donde ella me acerca a ellos, y a lo que pudo haber sido. Hay ratos donde ella, aparte de ser ella, me lleva al cielo: al cielo del amor, porque no se puede describir de otra manera. Y ahí me encuentro con ellos dos siempre: En el hermoso cielo del amor.

En lo mas sublime nos reunimos, en aquel espacio que uno guarda solo para lo insuperable, lo indescriptible. Así debe ser el cielo a mi parecer… Cuando de noche Ilana se adhiere a mi cuerpo buscando conciliar el sueño, yo me encuentro sin pensarlo respirando profundo el aroma de su pequeña cabecita, sus rizados cabellos huelen a manzanilla. Mi corazón se ensancha, mis ojos se humedecen. Es sublime tener un pedacito de cielo aquí conmigo.

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El Amor Lo Vale

“El Amor vale el extraordinario dolor que a veces ocasiona.”

Aunque en la tumba de Noah y Gael yacen sus cuerpos, ahí no están ellos dos. Me tomó tiempo, pero lo logré entenderlo despues de años de confusión. Aun así, he logrado comprender que en ese lugar yo enterré mas que sus restos. Enterré mis sueños e ilusiones, las de verlos crecer cada día, las de verlos empezar proyectos y conocer sus gustos y personalidades.

Enterré sonrisas y abrazos, no los de hoy ni los de ayer… sepulté los abrazos y besos que debería de tener todos los días. Cada día entierro algo en este lugar cuando los imagino, entrando a clases, en sus uniformes. Cuando de noche beso las mejillas de Ilana o Eva pero me faltan las de ellos.

Entierro cada día los recuerdos que nunca fueron . Las esperanzas de tenerlos muchos años conmigo.

Sepulto cada día el anhelo de tener a mi familia completa.

La otra noche Ilana hizo algo que nunca había hecho, y que desde ese día nunca volvió a hacer. Se despertó en la madrugada como a las 3 am y se tomó su leche como de costumbre, pero esta vez no se volvió a dormir. Comenzó a moverse entre dormida y despierta. No se despertaba por completo pero tampoco lograba un sueño profundo. Daba vueltas de un lado al otro y como duerme en nuestra cama yo no podía tampoco dormir de sentirla tan inquieta.

De repente hizo algo que sí hace desde pequeña: se adhirió a mi cuerpo por completo como buscando calor y normalmente cuando hace eso cae dormida, pero ese día no. Entonces se subió en mi pecho y acomodó su cabeza ahí. Me abrazó. Yo renuncié a mi sueño solo para sentir ese momento tan nuestro de noche. Sin advertencia alguna, tomó mis mejillas en sus manos y empiezó a darme besos… uno, dos, tres, cuatro, cinco hasta unos ocho besos… en mi cara y en mi cuello. Me abrazaba. No podía creer la belleza de lo que estaba sucediendo. Me conformé con disfrutarlo mientras estabamos tan unidas, conectadas corazón a corazón. Eventualmente se durmió y yo hice lo mismo… sumida en una alegría inexplicable.

Al despertarme al día siguiente mi primer pensamiento me aclaró todo. Los besos venían de parte de los tres. Lo interpreté con el corazón y fue fácil entenderlo de esa manera. El “ataque” de besos en la madrugada no fue una casualidad, si leo entre las líneas. Tanta ternura mezclada con tanta inocencia tiene su origen claro para mi. Pasé la mañana inmersa en el dulce recuerdo de esos 30 minutos. 

Me siento realmente bendecida de que mi conexión con ellos dos se mantenga tan viva. Aunque sea todo lo que tengo, eso y recuerdos. Lo demás lo entierro a diario y como duele, pero el amor lo vale.

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Mamá Para Siempre

Mentiría si digo que voy al cementerio cada año pensando que Noah y Gael están ahí. Tampoco voy creyendo que los voy a sentir mas cerca, ni porque creo que vean las flores o regalos que cada año con tristeza les llevamos en su cumpleaños.

Para ser honesta voy al cementerio porque me siento como una mamá que no sabe que hacer en el  cumpleaños de dos de sus mas extraordinarios regalos. Una mamá enteramente perdida en su aniversario. No se donde ir, ni que hacer.

Me siento extraviada en sus recuerdos cuando se acercan estas fechas y no hay queques, ni sonrisas, ni abrazos, ni canciones. El anhelo físico de tenerlos cerca crece sin permiso. Me hace trizas.

Llega el 5 de enero y mi corazón desorientado me pide dirigirme a algún lugar para imaginarlos y así es como llego aquí. Entre lágrimas y sonrisas… Nostalgia y dolor se entremezclan con la alegría de tener un día designado para hacer algo que los simbolice. Mi corazón me lo ruega con suaves murmullos. Lleva semanas evocando las inherentes memorias de cuando estaban vivos.

Soy afortunada porque son parte de mi vida, es gracias al Amor que no conoce fin y crece sin medida, el Amor que no comprende absolutamente nada de la muerte.

No necesita verse cara a cara porque se alimenta corazón a corazón.

No necesita de palabras porque se revela con el alma…

Hasta que estemos juntos de nuevo cultivaré nuestro Amor, guardaré su recuerdo, atenderé al llamado mas fuerte: el de ser su mamá ayer, hoy y  siempre.

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La Culpa

La culpa es el compañero inseparable de las madres con hijos muertos. No se a las demás, pero a mi me atormenta. Día y noche, sabe cuando asomarse, cuando acercárseme y cuando estirar sus brazos para estrangularme.

Llevo días inmersa en mi bebé arco iris. Hay algo de ella que me conecta con ellos. A veces cuando la tengo cerca, su olor me transporta a ellos dos. Me los imagino corriendo alrededor de la misma mesa donde me senté embarazada con ellos vivos tantas veces. Me imagino todo, nuestra vida igual, pero con ellos.

Con Ilana me siento horas en su cuarto, el cuarto que era de ellos, donde tantas veces les hablé estando vivos. Donde les conté de la ilusión que tenía de conocerlos, de tenerlos en mis brazos. El mismo cuarto donde tantas veces, oré por ellos. Es común que en esos momentos la culpa se asome sin pedir permiso, llega inadvertida.

Y si hubiera…

Y si hubiera. Esa noche fría, dentro de ese hospital, presentido que algo andaba mal. Y si hubiera dicho algo, y si hubiera pedido, y si hubiera llamado.

Y si hubiera.

¿Como es que no presentí que algo estaba mal? ¿Como es que mi intuición no pudo salvarlos estando rodeada de médicos y enfermeras?

¿Porque no hablé cuando sentí menos movimiento, porque pensé que dormían cuando estaban muriendo? ¿Porque?

¿Porque no pude salvarlos? Era mi trabajo principal, como mamá. Protegerlos. Era lo único que tenía que hacer. Cuidarlos. Y fallé.

Fallé.

Hay dolores que no se pueden describir. Hay sentimientos que no se pueden expresar… solo con lágrimas y oscuridad, de esa a la que a nadie le gusta, a la que todos le huyen. Ese es el dolor que trae la culpa. Ella es fresca, llega como si fuera la primera vez y se sienta a dialogar con tu ya asfixiado corazón. Te mueve todo, te recuerda todo. Convive contigo, de alguna irreparable manera nunca sale de tu vida.

Sabe cuando asomarse, cuando acercarse… cuando estrangular.

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Con Ellos Se Fue Tanto de Mi

Hace unos días iba camino al trabajo. Distraída, bajé la inmensa cuesta de mi casa, cuando tuve que frenar porque había un tumulto de gente afuera de una casa, alrededor de un carro. Casi me detengo por completo cuando lo veo.

Es un ataúd.

Es grande y color madera. Pero me lleva de inmediato a recordar como si fuera ayer… ese pequeño ataúd blanco donde enterré juntos los cuerpos de mis dos hijos. Eran tan pequeños que cabían uno al lado del otro, casi abrazados, cara a cara. La última vez que los vi estaban así. Parecían estar dormidos, si no fuera por el color de piel de Noah que fue el que falleció primero, llevándose con el todas las células rojas de la sangre de ambos. Los recuerdo, pienso lo que daría por poder haber visto sus ojitos abiertos.

Miro el ataúd de ese extraño, en la calle de mi casa y las lágrimas empiezan a bajar por mis mejillas recordando: La despedida. Ese espantoso domingo donde puse a descansar los fríos cuerpos de quienes me debieron de haber traído calor noche tras noche.

Ese día, después de admirarlos y hablarles en su pequeña cajita, alguien dijo que había que llevarlos de la capilla hasta el lugar donde serían sepultados. Hiram se ofreció de inmediato y caminó con el ataúd en sus brazos hasta llegar al lugar donde dejaríamos sus cuerpos para siempre. En sus brazos, no se me escapa la ironía de como tenía que haber sido y de como fue. Luego, en la casa, me dice que les habló todo el camino. “Dichoso” el, haber tenido esa privacidad con ambos. Yo nunca la tuve.

La tengo ahora en mis sueños, cuando me visitan, muy de vez en cuando.

Con ellos se fue tanto de mi.

Hoy fuimos a comprar algunas cosas para llevar a Ilana a la playa por primera vez. Entramos a la juguetería e Hiram estaba como en el cielo. Se paseaba por cada pasillo lentamente investigando sus juguetes favoritos. Llevaba 2 pasillos de hombre recorridos cuando le dije, un poco melancólica: “Te falta tener un hijo varón.”

“No.” Me responde mirándome fijamente “Los juguetes son juguetes. No son “de hombre” ni “de mujer” Estas se las voy a comprar cuando esté mas grande” Me señala a un juego de herramientas. Hiram ama sus herramientas. Quiere enseñarle ese mismo amor a ella, eso me derrite el alma.

Pienso en Noah, en Gael. En todos los juguetes que hubieran sido de ellos. Algunos mismos ahora serán para Ilana. Juguetes de hombre, juguetes de mujer, ataúdes blancos… con ellos se fue tanto de mi.

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Ellos Dos

Me faltan. Una mañana de estas, entre carreras y trabajo nos alistábamos para salir de la casa. Yo a llevar a un invitado que teníamos aquí al aeropuerto y mi esposo a llevar a mi hija mayor a la casa de una amiga. Decidimos que Ilana se iría con el porque el viaje mío era mas largo.

De mañana tenemos ya nuestra rutina bien consolidada. Ilana nunca amanece con hambre así que desayunamos nosotros primero, luego la bañamos, Hiram la saca al jardín un rato, come, juega en mi cama y al rato se duerme. Este día salieron antes de que se durmiera. Las cosas de Ilana quedaron por todas partes cuando corrieron para no llegar tarde. Yo me quedé sola y mientras me alistaba mi mente estaba ocupada con mil cosas.

De repente vuelvo a ver mi cama. Sus pijamas, sus pañales, sus juguetes por todos lados. Siento un vacío al ver que ella no está y de la nada, de un solo, es como si una tormenta arrebatara mis sentidos me cuesta respirar. Mi corazón comienza a latir aceleradamente sin permiso. La ansiedad se apodera de mi por completo cuando pienso:

Ya no podría vivir sin ella.

No podría vivir con ese vacío…jamas.

La TV esta encendida con su programa favorito y siento que moriría si algo le pasara. Pienso en textear a Hiram y decirle que tenga cuidado. Después realizo que debo actuar “normal”. No como una mamá a la que se le murieron 2 de sus 4 hijos.

Intento sin éxito regular mi respiración y las palpitaciones de mi corazón. Todo se nubla como me suele suceder cuando las lágrimas aparecen sin aviso alguno. No puedo dejar de pensar en Noah y Gael. ¿Como es que continúo viviendo sin ellos? Cual sería su programa de TV favorito? Nunca lo sabré… Como se vería su ropa tendida en mi cama, sus juguetes. Sus desórdenes de mañana. Todo lo que nunca fue. Lo que nunca llego a ser. ¿Como es que continúo viviendo sin ellos?

Los añoro. Los echo de menos.

Ella me conecta con ellos de forma tan directa que a veces me asusto, de la nada su sonrisa, sus miradas me llevan a perder la cordura añorando las de ellos.

Ellos dos me faltan.

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¿Como se Olvida un Hijo?

Estas fechas me recuerdan mucho a Noah y Gael. Son los últimos días que estuvieron vivos con nosotros antes de morir el 5 de enero del 2012. Por las noches el sonido del viento y como este hace que suene nuestra casa, me hace devolverme a aquellas noches donde embarazada e incómoda me la pasaba en vela. Con ellos era imposible acostarme, no podía respirar si lo hacía. Entonces dormía en un sillón reclinable que mi esposo colocó a la par de nuestra cama. Ahi se me pasaban las horas, en la oscuridad, con ellos dos adentro. No podía moverme mucho y además los casi 7 meses de reposo me habían hecho perder cualquier músculo que tenía en las piernas, me costaba respirar por el peso. El TTTS hace que uno cargue mucha cantidad de líquido amniótico, más los dos bebés mas un fibroma que luego decubrí creció hasta llegar a pesar casi 1 kg. Pasaba las horas pensando, imaginando y orando. Añorando tenerlos conmigo sin el peligro constante que sabía representaba el TTTS. Trataba de disfrutar mi embarazo, pero en realidad era tanto el estrés que solo quería que llegara el día en que estuvieran fuera de peligro. Nunca me imaginé que ese día llegaría tan pronto, ni de una manera tan dolorosa. El sonido del viento me acompañó en todas esas noches, y después en algunas de enero donde no dormía estando en negación, o en estado de “shock”. Miraba las paredes a mi alrededor sin poder creer que se habían ido para siempre, cuando hace pocas noches había podido orar por ellos sosteniéndolos en mi vientre.

Anoche hacía mucho viento y frío. Ilana, con solo 2 meses y medio duerme en un adjunto a mi cama. Está haciendo la transición de dormir la noche completa sin comer. Se despertó, supe que no era hambre porque ya conozco sus gestos cuando lo es. Se movía mucho, instintivamente estiré mi brazo para tocar sus manos y estaban como pedacitos de hielo, congeladas. Rápidamente la alcé, la pasé conmigo y la metí en el centro de mi cama, entre mi esposo y yo, para calentarla. La pegué a mi pecho y sostuve sus dos manitas frías entre las mías tratando de calentarlas. El viento no cesaba de sonar y yo firmemente tomaba sus congeladas manos entre las mías. Inevitablemente regresé a las noches de dolor pensando en esas 4 manitas que nunca pude sostener. Las dos de Noah y las dos de Gael, que nunca tuvieron el calor de la vida, ni el que yo podía ofrecerles en las noches de frío. Cuanto añoro haber podido sostenerlas entre las mías, en vez de enterrarlas para descomponerse como si fueran cuerpos olvidados que nunca nadie quiso.

¡Yo no solo los amaba, aún los amo y siempre los voy a amar!
Noah y Gael no son mi pasado, también son mi presente.

Las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas como suelen hacerlo cuando duele. Es amor y es dolor entremezclado de la manera más sutil, cuesta distinguir donde termina uno para empezar el otro.

Mi relación con ellos no se terminó con la muerte, así como tampoco mi amor por ellos lo hará. Por eso nunca dejaré de hablar de ellos, nunca me encontrarán callada cuando se trata de defender que estuvieron, que de cierta manera están y que son parte de nuestra familia que de por si nunca ha sido la tradicional.

El 31 de diciembre del 2011, 5 días antes de que murieran pasamos el 31 con nuestros mejores amigos aquí en mi casa. Desde entonces lo hemos hecho igual cada año… este fue el mensaje que intercambié con mi amiga acerca de los planes de este año:

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Esos son los amigos que uno necesita, no los que tratan de hacerlo a uno “olvidar”. Después de todo ¿como se olvida un hijo? Las noches de viento y frío siempre estarán, estas fechas para siempre me harán recordar y amar con mas fuerza a esas dos almas cuyos cuerpos no pude conocer, cuyas manos no pude sostener, ni calentar ni besar… Algún día… Algún día llegará ese ansiado reencuentro.
Mientras tanto, jamás me olvidaré.

Entre Besos y Suspiros

No puedo dejar
De mirarte.
¡Llegaste!

Inmensa
Y simplemente
Apareciste.

Profundos
tus ojos me conversan.
Ellos saben
Que me alivia tu mirada
El corazón.

Medicina para mi alma.
Entre besos
Bálsamo para mi espíritu
Y suspiros.

Un remedio
Para lo que no lo tiene.

Una fragancia
Que cada día descubro
Nueva
Incandescente.

Un rayo
Entre besos
De Luz
Y suspiros.

Solo puedo
Ceder mi Todo
Ante Todo.
Lo más grande
Y majestuoso

Entre Besos
y Suspiros.