El Día Que Morimos Los Tres

El 5 de enero del 2012 yo tenía casi 28 semanas de estar embarazada de Noah y Gael. Estaba internada en el Hospital San Juan de Dios, y llevaba 2 días ahí porque el doctor me dijo que prefería que estuviera monitoreada por si sucedía una emergencia inesperada. Yo estaba de acuerdo con que era mejor tener la supervisión del equipo médico para evitar cualquier desgracia.

Accedí a internarme en un cuarto con unas 5 embarazadas más.

Sala 4, cuarto 4. Ya ni quiero recordar…

Era un cuarto compartido con otras mujeres en gestación y ¿quién puede dormir en una sala así? Es una buena pregunta, las enfermeras hablaban a todo galillo en la madrugada, encendían luces y hacían ruido como que no les importara que, tal vez, alguna necesitaba descansar. A las 5:00 am, después de unas 5 horas de (mal) sueño, me despertó una enfermera con un modo que yo interpreté como grosero:

“Tiene que levantarse, le van a cambiar las sábanas.“

Llevaba 6 meses en reposo absoluto para tratar de preservar la vida de mis hijos gemelos que padecían del Síndrome Transfusión Feto Fetal: una complicación severa que afecta entre un 10% y un 15%​ de los embarazos de gemelos idénticos que comparten placenta. Mi tamaño era gigante, mi musculatura estaba en cero, con costos podía caminar. Nadie me ayudó a salirme de la cama pero de alguna manera lo logré.

Todavía medio dormida, desvelada y con frío me senté en una silla a esperar mientras me “hacían el favor” de cambiarme las sábanas.

5:10 am “Vaya báñese que ya es tarde” me dijo otra enfermera.

5:15 am Me metí al baño que todas compartíamos, para lavar mi enorme barriga y cuerpo con sandalias en mis pies, que ni siquiera podía ver por mi gran tamaño… Rezaba por no caerme y por terminar rápido porque hacía tanto frío.

6:00 am llegó el desayuno, no recuerdo si desayuné.

7:00 am pregunté si el médico me iba a ver, pues llevaba 2 días sin verlo. Lo único que me habían hecho era escuchar los corazones de los bebés por doppler (un aparato para escuchar los latidos del bebé) y a veces les costaba encontrar uno de los dos latidos. Si me hubieran mandado a hacer un ultrasonido al ver que era difícil escuchar ambos, el final de mi historia hubiera sido diferente.

 Pero ellas se lo tomaron a la ligera, hasta bromeaban entre ellas cuando les costaba escuchar los latidos de uno de los dos gemelos.

Esas bromas fueron sin duda las mas caras de mi vida, me costaron la vida de mis dos hijos.

“Sí, hoy va a ver al Dr. pero tiene que esperar” me contestó una de las enfermeras.

8:00 a.m…

8:30 a.m…

9:00 a.m…

9:30 a.m…

Solo quería llegar al ultrasonido y que me dijeran que Noah y Gael estaban bien. Era lo único que me hacía soportar el hecho de valía la pena estar internada en ambiente así.

10:00 a.m. Llegaron con una silla de ruedas por mí. Al fin!! Un ultrasonido para saber si estaban bien… Ya habían pasado 2 días después de su procedimiento de amniocentesis cuando extrajeron líquido amniótico de la bolsa de uno de los gemelos.

Entré a la sala del ultrasonido y estaba feliz de ver a mi doctor. Por fin una cara conocida después de días de ver solo rostros desconocidos. Es desesperante estar internado, y encima las horas de visitas son complicadas. ¿Quien pensaría que uno paga tanto por un servicio así?

Empezó el ultrasonido. Podía ver que la cara del doctor cambiaba.

–Pregunté si todo estaba bien.

–“Déjeme terminar de ver todo” me respondió.

Esperé.

El ambiente se sentía mal. Muy mal.

Al fin el Dr. decidió romper el silencio.

— “Hay que hacerle una cesárea de emergencia, los gemelos no están bien”

— “Qué? Cómo? Qué pasa?”

— “No creo que Noah logre sobrevivir y a Gael tiene como un 50% de probabilidad de sobrevivir”

Empecé a temblar.

–“Que hago? Llamo a Hiram?”, le dije.

–Sí, por favor. Respondió.

Llamé a mi casa, contestó mi hija mayor, Eva ,que estaba con amigas. Quería soltarme en llanto pero le pedí que me pasara a Hiram.

“¿Hiram? Me acaban de hacer un ultrasonido y el doctor dice que los gemelos no están bien, el cree que Noah no va a sobrevivir y le da a Gael solo 50% de posibilidad de sobrevivir. Necesito que vengás ya, me van a hacer una cesárea de emergencia”

Colgué y empecé a llorar descontroladamente.

Llegué a la sala de preparación para la cirugía, había mucha gente a mi alrededor pero yo me sentía sola. Todos susurraban. Me hacían de todo con mucha urgencia, excepto verme a los ojos.

Llegó un pediatra desconocido y se puso a leer el expediente.

“¿Ella sabe?” preguntó de repente… Todos volvieron a ver para otro lado, nadie le respondió. Volvió a preguntar: “¿Ella sabe!?” y de nuevo nadie le contestó. Todos se pusieron a hacer otras cosas…

–“¿Que si sé que?” le pregunté.

—“Que uno de los gemelos está muerto!?”, dijo mirándome a los ojos.

No respondí. El corazón se me terminó de despedazar por completo.

¿Cómo es que estaba sola en un momento así? Por otro lado ¿Cómo es que ese pediatra me habló así sabiendo que me encontraba sola? Empecé a temblar, a llorar y a gritar descontroladamente. El aire me faltaba.

Vi una mascarilla de anestesia acercarse a mi cara: “Maripili respire profundo” me dijo una voz. Tres respiraciones y estaba fuera.

12:00 mediodía me desperté. Al lado de mi cama estaba mi primo que es médico. Fue la primer cara que vi.

–“Noah está muerto?” le pregunté.

Accedió con su cabeza, mirándome a los ojos.

–“Gael está vivo?”

Volvió a acceder, siempre mirándome a los ojos. “Está en cuidados intensivos”

–“¿Hiram?”

—“Esta afuera, voy por él”, dijo mi primo.

Llegó Hiram, me tomó de la mano. A ambos nos consumieron las lágrimas. Lloré abrazada a su hombro, al fin un hombro de alguien que sintiera algo conmigo.

Entre la 1 y las 2 pm me llevaron de nuevo a la sala 4: al cuarto que compartía con otras mujeres embarazadas, solo que YO YA NO ESTABA EMBARAZADA. Tampoco tenía a mis hijos conmigo.

“Usted necesita levantarse y caminar” me dijo una enfermera después de estar ahí un rato.

–“Quiero ver a mi bebé, a Gael” le dije.

–“Ya tendrá tiempo para verlo” me dijo “ahora preocúpese por recuperarse usted”.

Me di cuenta de que había otra enfermera en el escritorio estudiando mi expediente y no le hizo muy buena cara a la que me hablaba. Yo no entendía nada. No sabía que estaba pasando. Aparentemente a la enfermera que me hablaba no le habían pasado la noticia de que mi Gael se iba a morir.

—“Tiene que bañarse”, dijo otra enfermera, quien llegó a continuar con el tormento…  parecía ser como un deporte.

— “Aquí está su mamá, como su caso es especial vamos a dejar que la acompañe”

¿Especial? Estaba rodeada de embarazadas que no sabían que perdí a un bebé y las enfermeras me consideraban ¿“especial”?

Todas coincidían con que lo mejor para mí era bañarme. Trajeron a un hombre para que “ayudara”. Me llevaron al baño en silla de ruedas.

Me desnudaron de pie mientras el hombre me sostenía. Su mirada fija en mis pechos y en mi vientre. Sentía ganas de vomitar o de morirme. Pero no pasaba ninguna de las dos… “¿No hay alguien más que pueda ayudarme? ¿Una mujer?” les pregunté.

“No. Necesitamos la fuerza de un hombre” dijo la enfermera. En mi mente quería mandar a todos al infierno, ya mi alma no soportaba más dolor ni humillación.

Me sentía ultrajada, pero ya creía haber pasado por lo peor. Así que intenté aguantar todavía más porque, ya para ese momento, creía que no podía irme más mal. Al menos eso pensaba.

No pude terminar de bañarme de lo débil que estaba, mareada a punto de desmayarme. Tenía una anemia severa, la misma que tenía Gael y como ni siquiera el “hombre fuerte” que trajeron me podía sostener, desistieron de su “brillante” idea del baño. Me volvieron a meter en la cama del cuarto que compartía con otras embarazadas.

“Usted tiene que ir a ver a su bebé” De la nada alguien se apiadó de mí.

Para mi sorpresa fue una enfermera. Después me enteré que no era compasión, el pediatra que parecía no haber tenido sentimientos, pidió que yo fuera a despedirme de Gael, pero nadie me explicó eso.

Otra vez salí del cuarto en silla de ruedas, con mi esposo empujándome hasta llegar a la unidad de cuidados intensivos. Nadie nos acompañó y bueno, para lo que nos habían ayudado, ahora considero que fue lo mejor…

Mi esposo ubicó mi silla de ruedas frente a Gael.

–“Mirá que lindo es” me dijo.

Yo no podía verlo bien porque estaba sentada en la silla de ruedas. Lo que vi mejor fueron sus piecitos. Se parecían los de Hiram. Es lo único que recuerdo de él.

Y eso fue todo.

Esos fueron los únicos momentos en los que pude ver y tocar a mi hijo vivo POR ÚLTIMA VEZ, sin guía ni sugerencias de parte de nadie. Personifiqué la torpeza y la ignorancia en su máxima expresión.

Me devolvieron al cuarto compartido con mujeres embarazadas. Pero esta vez, había una sorpresa: una mujer había parido y tenía a su bebé con ella, ahí estaban los dos en mi cuarto: un recién nacido y su mamá.

Quería llorar, pero no podía. Quería gritar, pero no había cómo.

–“Su esposo puede quedarse a dormir, ya que son un caso especial”, me dijo una enfermera.

–“Gracias” susurré mirando hacia el espacio.

De verdad pensaba que habían sido generosos con nosotros, hasta que me di cuenta de los mezquinos que fueron con absolutamente todo, de principio a fin. Hiram durmió en una banca, afuera, congelado, porque mi cuarto era compartido con otras mujeres embarazadas y una recién parida con su bebé recién nacido.

1:00 a.m del día siguiente, no podía dormir. Igual ¿quien puede dormir en esa sala? Le dieron permiso a Hiram de entrar. Ya yo sabía lo que iba a decir pero aún así lo dijo. Las palabras se escaparon de su boca:

“Ya se murió Gael”

Eso fue el fin de todo. Para nosotros, en ese momento después de meses soñando con ellos, ya no quedaba nada.

Lloramos juntos por segunda vez, yo abrazada a su hombro. Sollocé en silencio. A mi no se me olvidó que a mi lado habían mujeres embarazadas que estaban dormidas y que necesitaban descansar.

Sé que de seguro han habido experiencias muy positivas en hospitales, pero yo solo puedo hablar de la mía… pienso que al igual que yo habrán otras, tal vez somos muchas, tal vez más de las que se imaginan.

Cuando pasé por todo esto no pensé que me había ido tan mal, fue hasta que empecé a leer acerca del trato que debería de tener una mujer que pierde un hijo que caí en cuenta de la verdad, de mi verdad. Por eso es que sentí la necesidad de contar mi historia, aunque me haya costado más de 5 años y medio llegar a este momento. Estas cosas no deberían de sucederle a nadie.

Me ha tomado muchos años sobrellevar el duelo de perder a Noah y Gael pero además han sido años en los que he tenido que trabajar para recuperar mi dignidad. Años para darme cuenta de que la fragilidad de una mujer nunca debe ser vista como debilidad, que nuestra vulnerabilidad no debería ser vista como un inconveniente. ¿Cuando será que podamos ser atendidas como un todo?

Qué dolor me da pensar que en este segundo puede haber otras como yo ahí, en esa misma sala 4.

Como costarricense he pagado durante muchos años por el servicio que recibí, no fue “de gratis”. Es la peor estrategia imaginable separar los servicios médicos del respeto y la cortesía básica, del trato humano y digno. Algunos pensarán que soy malagradecida, que “calladita más bonita”, pero al contar mi historia, quisiera motivar a que los servicios algún día cambien. Quizás si todas nos atrevemos a soltar lo que llevamos en el pecho por años, las injusticias, los maltratos, la negligencia…

De momento, gratitud enorme voy a tener con los que se atrevan a hacer una diferencia aunque sea de maneras pequeñas. El Dr. de los gemelos es así, mantengo una muy buena relación con el, aunque de su boca escuche lo más difícil que he escuchado en mi vida. Semanas después de que los gemelos murieran me dijo:

“Lo que pasó no debió de haber pasado así” Y aunque mi corazón ya lo sabía escucharlo fue muy doloroso.

Quisiera tener otra anécdota que contar, pero para mí ya no es una opción. El final de nuestra historia se escribió hace mucho. Pero faltan muchos finales por escribir, muchas historias por contar que podrían ser diferentes a la de Noah, Gael y yo. En 24 horas pasamos de ser tres a quedar solo yo, mi voz y mi amor por ellos.

Y la nada.

El silencio.

El vacío que estará de por vida en mi corazón y mis recuerdos que tanto quisiera fueran diferentes.

Porque para siempre para mí será: que no solo es lo que pasó, si no COMO nos pasó.

¿Cuantas habrán como yo, que aún no se han sentado a escribir el final de su historia? Cuantas hay que ni siquiera saben como podría ser el final de la historia para ellas, o para sus hijos, porque aun no se ha escrito… Para cada una será diferente, pero para mi llegó el momento de abrir mi corazón y permitir que todos conozcan como fue el final de la vida de Noah, Gael y yo, porque una parte de mi se murió con ellos.

Sin duda alguna, ese día morimos los tres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7 comentarios en “El Día Que Morimos Los Tres

  1. Abrir el corazón de esa manera y tener la fuerza para escribir cada palabra es poderoso. Llegará el día en que estarán juntos los tres en el día de la resurrección como nos promete el Señor. Ten por seguro que el amor de Jehová es tan grande que jamás hubiera hecho algo así. Gracias por tener la fuerza y el coraje de compartir tu historia, se que tendrá buenos frutos!

  2. Admiración total para un Ser Humano tan Fuerte porque no logro imaginar dolor mas intenso que ese, el de perder a un hijo, y ahora dos, no no imposible no llorar, tambien tuve una mala experiencia en esa misma Sala, no con final asi, pero si recuerdo cada palabra, expresión y gestos de maltratos para mi persona y las que en esa misma sala estuvimos. Dios tome el control y pueda de verdad mejorar la Atención Púbilca de Salud. Mi Respetos Gran Señora, por siempre mi admiración.

  3. Leí esto y me parte el corazón en mil pedazos, gracias a Dios tengo a mi hijo conmigo pero porque pari se que en los hospitales públicos sino tienes a alguien adentro de tratan peor que un perro. Quiero tener un segundo hijo y no tengo los medios para pagar un hospital privado. No es justo que mujeres tengamos que pasar por un trato tan inhumano, es lamentable que «profesionales» sin vocación practiquen la medicina. NO tratan con cerdos señores, somos seres humanos y sentimos. Por amor a Dios hagan conciencia y ejerzan con profesionalismo. Maripili lamento muchísimos la partida de tus hermosos Ángeles.

  4. No hay palabras… 💔 duele, hiere y enfurece. Dios los perdone.
    Me conmoviste hasta lo más profundo de mi ser!

    Contando tu historia salvarás vidas y esa seguramente será tu misión, la de Noah y la de Gael. 💗

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