Ruinas y Castillos: Lo que Queda del Amor

Hace unos días, mientras Ilana tomaba siesta en su cuna, mi esposo Hiram y yo decidimos descansar. Con una bebé de 10 meses es raro tener un momento de silencio y descanso de ambos juntos ya que además de cuidarla a ella los dos trabajamos. Siempre nos estamos turnando, las madrugadas, las clases, los ensayos, los mandados. A veces estoy tan cansada que no puedo dormir, ese día era una combinación de cansancio con melancolía y dolor lo que me abarrotaba el corazón.

Acostada solo podía pensar en Noah y Gael, no podía dormir. No me pude contener y pensé en voz alta.

“No quiero que los olviden”

“¿Que? ¿A quien?” me responde Hiram medio dormido.

“A Noah y Gael”

“No los van a olvidar” me asegura.

“Claro que si, ya casi nadie me habla de ellos.” Empiezan a correr las lágrimas por mis ojos. Eran incontenibles y hace tiempo no aparecían.

“Yo hablo de ellos todo el tiempo.” me dice.

Esa respuesta me toma por sorpresa y le reclamo: “Conmigo no. ¿Entonces con quien?”

“Con mucha gente que me pregunta que significan mis tatuajes, yo les cuento la historia”

Unos seis meses después que Noah y Gael murieran, mi esposo se tatuó dos llaves, una en la parte de adentro de cada antebrazo, son idénticas, pero una tiene la letra N y la otra tiene la letra G. Además tienen un pequeño castillo en la parte de abajo refiriéndose al apellido de los gemelos. También se tatuó la cerradura en su pecho, del lado del corazón.

“Talvez yo debería de tatuarme algo” Le digo, como si eso fuera a ayudar con el dolor.

Su respuesta, como a veces suelen hacerlo sus palabras me abrigó el corazón: “La gente que importa no los va a olvidar. Nosotros, Eva, tu familia, la mía, el Dr.”

Mis lagrimas persisten, extraño hablar de ellos. Cuando uno está embarazado la gente solo le habla a uno del bebé durante meses, lo mismo cuando nacen y crecen. Cuando un hijo se muere la gente deja de hablar de ese hijo por que no saben que decir, tienen miedo a abrir la herida, es entendible pero tan equivocado.

Como quisiera que pudieran ver mi corazón en vez de mi piel, verían que los llevo tatuados ahí dentro. Se darían cuenta de porque, al ver niños de 3 o 4 años, solo puedo pensar en ellos dos. Que cuando paso por afuera de un parque o un kinder me imagino como se verían jugando, con sus rodillas raspadas, o mostrándome su última hazaña o pirueta. Que su hermana menor es un recordatorio constante de todas las sonrisas y los abrazos que me perdí… Multiplicado por dos.

Los hijos son la manera mas fácil de abrir la puerta al dolor por una sencilla razón: no hay amor (terrenal) mas grande.

Este dolor que tengo, es lo que queda de ese amor.

Lo que queda, como ruinas… aunque las mías se parecen mas a castillos.
¡Si tan solo pudieran verlos!

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2 comentarios en “Ruinas y Castillos: Lo que Queda del Amor

  1. Mujer valiente! Tus ángeles serán siempre recordados hasta por quienes aún sin conocerte nos conmovimos y sufrimos a tu lado .. Eres una persona extraordinaria, llena de amor y ellos lo saben!! Te admiramos en la tierra y te aman en el cielo! Abrazo

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