Los Recuerdos Nunca Mueren

“No se puede extrañar lo que nunca se ha tenido”

¿De verdad la gente cree esto?. Lo escucho todo el tiempo. No entiendo como de repente nos acostumbramos a decir cosas sin pensar.

Yo nunca tuve a mis hijos vivos afuera de mi vientre. Nunca los sostuve en mis brazos, no los pude mirar a los ojos. Y no puedo explicar cuanto extraño cada una de estas cosas, bueno ni siquiera me atrevo a intentarlo. Porque para mucha gente no tiene sentido extrañar lo que nunca se tuvo. Para mi tiene todo el sentido del mundo.

Yo extraño que estén bajo mi mismo techo, con sus hermanas. Con su papa y yo. Extraño haberlos visto crecer durante estos 3 años, extraño las palabras que nunca dijeron, el llanto que nunca escuché, los abrazos que nunca me dieron. Extraño no tener mas recuerdos con ellos.

A veces por las noches todavía me despierto casi en llanto, con la sensación de haber perdido algo irremplazable, algo irrecuperable. Dormida no se que es, pero al despertar entiendo que son ellos. Todavía… 3 años después recuerdo mas que bien.

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Esta foto la tomamos en su tercer cumpleaños, por primera vez Ilana nos acompañó al cementerio. No la había compartido, como muchos recuerdos de ellos son memorias que se quedan clavadas en mi pecho, llegan a mi mente con algo de dolor y algo de alegría. Esperan para ser escritas poco a poco. Este día no hubo tanto llanto como cuando cumplieron dos, hubo mucho silencio y agradecimiento de tener a sus hermanas con nosotros.

Hace unos días regresaron los 2 pájaros al balcón de su cuarto, los vio Hiram y los vi yo. Posaron lo suficiente para poderlos fotografiar. Recuerdo aquellos primeros días después de su muerte…

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Unos días después llego a la academia por la tarde a trabajar y camino por los pasillos de los salones hasta llegar al final, donde un hombre con gabacha negra me da la espalda. Cuando me acerco se da la vuelta y siento que mis rodillas me van a traicionar, empiezan a temblar. Es el médico que me hizo la cesárea en el Hospital San Juan, el que se encargó de sacar a mis hijos de mi cuerpo. Noah ya sin vida, Gael con una anemia tan fuerte que ni siquiera lloró al nacer. Me mira a los ojos y no puedo evitar revivir algo de la pesadilla, quiero sentarme a llorar pero nadie entendería. Sigo de pié, no se como, converso casualmente con el como si fuera una persona normal para mi. Por dentro estoy tratando de sostener los pedazos de una parte de mi que ha sanado. No por completo aún, todavía falta camino… pero la pesadilla de ese hospital es lo único que quisiera olvidar de la historia de los gemelos. Por supuesto que nada fue culpa de el, el solo estaba haciendo su trabajo. Recuerdo que parecía estar tan preocupado por mi.

Hoy alguien me preguntó por ellos, casualmente en el supermercado. Salude a una conocida y me preguntó que cuantos meses tenía mi bebé. Le contesté que 7 y medio.
“No sabía que habías tenido otro” me dice.
La miro confundida porque no creo que se refiere a Eva.
“Es que yo te vi en el embarazo anterior” me dice.
“Ahhh si el de los gemelos” le contesto.
“Siii, que valiente tenés 4!”
“No, los gemelos se murieron.”
Me mira con esa cara de que-verguenza-porque-pregunté.
“Tranquila” le digo “No me incomoda hablar de ellos, todo lo contrario, me encanta.”
Ahora me mira mas confundida que nunca.
Se que ya no hay nada mas que pueda explicar ni decir para que ella no se sienta mal, y menos para que entienda.
Se despide de mi rapidamente. Se va apenada.

Mi corazón duele, odio decir que no están conmigo. Pero también salta de alegría de que sean recordados. Por eso también es que escribo, porque aunque le incomode a la gente, yo nunca dejaré morir sus recuerdos, ni dejaré de extrañar lo que nunca tuve en mis brazos.

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