El Frío Que No Se Puede Abrigar

No tengo muchas pruebas de que Noah y Gael existieron. Poca gente me vio embarazada de ellos debido mi reposo absoluto, el que mantuve durante meses con la esperanza de que ellos sobrevivieran el TTTS. Cuando se murieron mi cicatriz de la cesárea era una de las pocas cosas que me mantenía cuerda. Cuando la veía me reafirmaba a mi misma que no todo había estado en mi imaginación, que su muerte no fue una pesadilla, que sucedió. Que ellos pasaron. Que pasaron por mi vida con sus vidas. Existieron y de cierta manera siguen existiendo para mi, solo que no en un plano físico. Es el amor a otro nivel. Cuando veía mi cicatriz era como ver mi mas absoluta verdad. Cuando nació Ilana me quitaron esa cicatriz y me hicieron otra, una nueva. Una que no me traía directamente a los recuerdos de ellos. No voy a mentir, al principio no la quería ni ver, aun con todo lo que amo a Ilana a ella la tengo todos los días, no necesito una cicatriz que me recuerde que paso por mi cuerpo. De los gemelos no tengo nada. Alguna ropita que me regalaron, otra que les compre. Un puño de cosas que quedarán por siempre como sus cosas porque nunca tendrán nuevas. No habrán regalos, ni compras, ni dibujos del kinder, ni cuadernos. Nada.

A veces cuando escucho a otras mujeres quejarse de las cicatrices de sus cesáreas solo me enojo un poquito por dentro, como no pueden ver más allá de una simple marca en la piel?

Hace unos dias una amiga que trabaja en un hogarcito de niños posteo en Facebook que les llegó un bebe de 5 días de nacido que había sido abandonado. Mi corazón se contrajo de una manera inexplicable, no me podía imaginar esa clase de abandono. Recuerdo las noches que le siguieron a la muerte de Noah y Gael, ese silencio y ese vacío. Eran frías y ventosas pero lo que yo no podía calentar era mi alma. Me pasaba las horas despierta, llorando en silencio para no despertar a mi esposo que dormía a mi lado. Hay vacíos que nunca se llenan. Empece a preguntarme si ese bebe sentiría lo mismo sin su mamá. Noches silenciosas y vacías. Noches ventosas y con frío del que no se puede abrigar. Por mas amor que reciba de la gente que lo cuida ahí, es imposible esperar mas de un hogar donde 3 personas cuidan a 17 niños. Definitivamente el esta casi solito. Me dijeron que se mantenía en un cuarto aparte para no contagiarse de los resfriados de los otros niños y estando tan pequeño es completamente entendible. Pero ese corazoncito, sin nadie que le hablara todo el día, siendo alzado el mínimo… como me dolía todo por dentro al pensarlo. Tan indefenso, tan vulnerable. Cada vez que le daba de comer a Ilana en la noche lo pensaba, cuando pasaba mis manos acariciando el pelo de mi bebé me preguntaba si el tenía alguien que le diera cariño de esa manera. Cuando la miraba fijo a los ojos me imaginaba lo que sería para el no tener eso y la verdad que al pensarlo me destruía la fe en las personas y si soy honesta hasta en Dios un poquito.

Empece a sentir desde lo mas profundo de mi ser que le debía de donar algo de la ropa de Noah y Gael. Después de todo estaban guardadas y ese niño tenia frío. Lo malo es que yo solo le podía ayudar con el frío de su cuerpo y no el de su alma. Yo no podía calentarlo de ese frío que no se puede abrigar. Decidí que iba a regalarle algunas cosas. Por primera vez en 3 años sentía el impulso de donar algunas de sus cosas a ese bebé. Durante 3 años guarde todo, como mis tesoros mas preciados. No por ser cosas materiales importantes para mi, si no por lo que representan: a mis dos hijos y su paso por nuestro hogar.

Empece a querer cobijarle el alma a ese bebé de solo 5 días, me armé de valor y saqué sus pocas pertenencias. Se veían tan lindas todas, muchas en pares… donaba una o ambas? Que era lo correcto? Pregunta sin respuesta que decidí no hacerme y me fui con lo que sentía al ver cada camisita y pantaloncito. Saqué una bolsa grande de sus cositas, las doble, las abracé y las puse en un lugar listas para llevar al hogarcito.

El día que fuimos a dejarlas fue dulce amargo. Tanto a mi esposo como a mi nos costó procesar lo que estábamos presenciando y salimos impresionados, con el recuerdo de sus imborrables caritas en nuestra mente. Cuando regresabamos nos detuvimos por algo de comer y ninguno hablaba mucho. Mi esposo pidió un sandwich y cuando este llegó yo ya no aguantaba mas el silencio. “¿Estas bien?” le pregunté “No” me respondió y de inmediato le empezaron a correr las lágrimas por sus mejillas.

Ahí estábamos los dos, en medio de un restaurante sintiéndonos completamente quebrantados. El día entero fue diferente, estábamos felices de haber podido ayudar pero sintiéndonos incompletos y tristes. El corazón a veces no acepta explicaciones.

Ahora estoy sin mi cicatriz de la cesárea y sin casi toda su ropa, feliz de haber podido ayudar pero con el mismo vacío, no se hizo ni mas grande ni mas pequeño. Es inamovible. Decidido. Innegociable. Quisiera pensar que el vacío de ese niño se puede llenar algún día, que alguien va a adoptarlo y a “reponer” estos meses de soledad, que le queden en el olvido, para nunca mas recordarlos. Si pudiera escoger un regalo esta Navidad ese sería: que aparezca alguien que le pueda abrigar el alma, así como Ilana ha venido a abrigar la mía. Noah y Gael son irremplazables pero que diferencia hace tenerla a ella…

8 comentarios en “El Frío Que No Se Puede Abrigar

  1. Durante meses lloré en silencio, todas las noches, para no despertar a mi esposo, pensé que era la única.
    Si no hubiera sido porque decidí entregarle mi dolor al Señor, creo me hubiera vuelto loca.
    Hoy 14 años después, el Señor me dio tres pequeños tesoros que vinieron a llenar ese vacío.
    Aún recuerdo a mis dos bebés con nostalgia, pensando en cómo serían si los tuviera, pero ya no hay dolor.
    Un abrazo

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