¿Como se Olvida un Hijo?

Estas fechas me recuerdan mucho a Noah y Gael. Son los últimos días que estuvieron vivos con nosotros antes de morir el 5 de enero del 2012. Por las noches el sonido del viento y como este hace que suene nuestra casa, me hace devolverme a aquellas noches donde embarazada e incómoda me la pasaba en vela. Con ellos era imposible acostarme, no podía respirar si lo hacía. Entonces dormía en un sillón reclinable que mi esposo colocó a la par de nuestra cama. Ahi se me pasaban las horas, en la oscuridad, con ellos dos adentro. No podía moverme mucho y además los casi 7 meses de reposo me habían hecho perder cualquier músculo que tenía en las piernas, me costaba respirar por el peso. El TTTS hace que uno cargue mucha cantidad de líquido amniótico, más los dos bebés mas un fibroma que luego decubrí creció hasta llegar a pesar casi 1 kg. Pasaba las horas pensando, imaginando y orando. Añorando tenerlos conmigo sin el peligro constante que sabía representaba el TTTS. Trataba de disfrutar mi embarazo, pero en realidad era tanto el estrés que solo quería que llegara el día en que estuvieran fuera de peligro. Nunca me imaginé que ese día llegaría tan pronto, ni de una manera tan dolorosa. El sonido del viento me acompañó en todas esas noches, y después en algunas de enero donde no dormía estando en negación, o en estado de “shock”. Miraba las paredes a mi alrededor sin poder creer que se habían ido para siempre, cuando hace pocas noches había podido orar por ellos sosteniéndolos en mi vientre.

Anoche hacía mucho viento y frío. Ilana, con solo 2 meses y medio duerme en un adjunto a mi cama. Está haciendo la transición de dormir la noche completa sin comer. Se despertó, supe que no era hambre porque ya conozco sus gestos cuando lo es. Se movía mucho, instintivamente estiré mi brazo para tocar sus manos y estaban como pedacitos de hielo, congeladas. Rápidamente la alcé, la pasé conmigo y la metí en el centro de mi cama, entre mi esposo y yo, para calentarla. La pegué a mi pecho y sostuve sus dos manitas frías entre las mías tratando de calentarlas. El viento no cesaba de sonar y yo firmemente tomaba sus congeladas manos entre las mías. Inevitablemente regresé a las noches de dolor pensando en esas 4 manitas que nunca pude sostener. Las dos de Noah y las dos de Gael, que nunca tuvieron el calor de la vida, ni el que yo podía ofrecerles en las noches de frío. Cuanto añoro haber podido sostenerlas entre las mías, en vez de enterrarlas para descomponerse como si fueran cuerpos olvidados que nunca nadie quiso.

¡Yo no solo los amaba, aún los amo y siempre los voy a amar!
Noah y Gael no son mi pasado, también son mi presente.

Las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas como suelen hacerlo cuando duele. Es amor y es dolor entremezclado de la manera más sutil, cuesta distinguir donde termina uno para empezar el otro.

Mi relación con ellos no se terminó con la muerte, así como tampoco mi amor por ellos lo hará. Por eso nunca dejaré de hablar de ellos, nunca me encontrarán callada cuando se trata de defender que estuvieron, que de cierta manera están y que son parte de nuestra familia que de por si nunca ha sido la tradicional.

El 31 de diciembre del 2011, 5 días antes de que murieran pasamos el 31 con nuestros mejores amigos aquí en mi casa. Desde entonces lo hemos hecho igual cada año… este fue el mensaje que intercambié con mi amiga acerca de los planes de este año:

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Esos son los amigos que uno necesita, no los que tratan de hacerlo a uno “olvidar”. Después de todo ¿como se olvida un hijo? Las noches de viento y frío siempre estarán, estas fechas para siempre me harán recordar y amar con mas fuerza a esas dos almas cuyos cuerpos no pude conocer, cuyas manos no pude sostener, ni calentar ni besar… Algún día… Algún día llegará ese ansiado reencuentro.
Mientras tanto, jamás me olvidaré.

El Frío Que No Se Puede Abrigar

No tengo muchas pruebas de que Noah y Gael existieron. Poca gente me vio embarazada de ellos debido mi reposo absoluto, el que mantuve durante meses con la esperanza de que ellos sobrevivieran el TTTS. Cuando se murieron mi cicatriz de la cesárea era una de las pocas cosas que me mantenía cuerda. Cuando la veía me reafirmaba a mi misma que no todo había estado en mi imaginación, que su muerte no fue una pesadilla, que sucedió. Que ellos pasaron. Que pasaron por mi vida con sus vidas. Existieron y de cierta manera siguen existiendo para mi, solo que no en un plano físico. Es el amor a otro nivel. Cuando veía mi cicatriz era como ver mi mas absoluta verdad. Cuando nació Ilana me quitaron esa cicatriz y me hicieron otra, una nueva. Una que no me traía directamente a los recuerdos de ellos. No voy a mentir, al principio no la quería ni ver, aun con todo lo que amo a Ilana a ella la tengo todos los días, no necesito una cicatriz que me recuerde que paso por mi cuerpo. De los gemelos no tengo nada. Alguna ropita que me regalaron, otra que les compre. Un puño de cosas que quedarán por siempre como sus cosas porque nunca tendrán nuevas. No habrán regalos, ni compras, ni dibujos del kinder, ni cuadernos. Nada.

A veces cuando escucho a otras mujeres quejarse de las cicatrices de sus cesáreas solo me enojo un poquito por dentro, como no pueden ver más allá de una simple marca en la piel?

Hace unos dias una amiga que trabaja en un hogarcito de niños posteo en Facebook que les llegó un bebe de 5 días de nacido que había sido abandonado. Mi corazón se contrajo de una manera inexplicable, no me podía imaginar esa clase de abandono. Recuerdo las noches que le siguieron a la muerte de Noah y Gael, ese silencio y ese vacío. Eran frías y ventosas pero lo que yo no podía calentar era mi alma. Me pasaba las horas despierta, llorando en silencio para no despertar a mi esposo que dormía a mi lado. Hay vacíos que nunca se llenan. Empece a preguntarme si ese bebe sentiría lo mismo sin su mamá. Noches silenciosas y vacías. Noches ventosas y con frío del que no se puede abrigar. Por mas amor que reciba de la gente que lo cuida ahí, es imposible esperar mas de un hogar donde 3 personas cuidan a 17 niños. Definitivamente el esta casi solito. Me dijeron que se mantenía en un cuarto aparte para no contagiarse de los resfriados de los otros niños y estando tan pequeño es completamente entendible. Pero ese corazoncito, sin nadie que le hablara todo el día, siendo alzado el mínimo… como me dolía todo por dentro al pensarlo. Tan indefenso, tan vulnerable. Cada vez que le daba de comer a Ilana en la noche lo pensaba, cuando pasaba mis manos acariciando el pelo de mi bebé me preguntaba si el tenía alguien que le diera cariño de esa manera. Cuando la miraba fijo a los ojos me imaginaba lo que sería para el no tener eso y la verdad que al pensarlo me destruía la fe en las personas y si soy honesta hasta en Dios un poquito.

Empece a sentir desde lo mas profundo de mi ser que le debía de donar algo de la ropa de Noah y Gael. Después de todo estaban guardadas y ese niño tenia frío. Lo malo es que yo solo le podía ayudar con el frío de su cuerpo y no el de su alma. Yo no podía calentarlo de ese frío que no se puede abrigar. Decidí que iba a regalarle algunas cosas. Por primera vez en 3 años sentía el impulso de donar algunas de sus cosas a ese bebé. Durante 3 años guarde todo, como mis tesoros mas preciados. No por ser cosas materiales importantes para mi, si no por lo que representan: a mis dos hijos y su paso por nuestro hogar.

Empece a querer cobijarle el alma a ese bebé de solo 5 días, me armé de valor y saqué sus pocas pertenencias. Se veían tan lindas todas, muchas en pares… donaba una o ambas? Que era lo correcto? Pregunta sin respuesta que decidí no hacerme y me fui con lo que sentía al ver cada camisita y pantaloncito. Saqué una bolsa grande de sus cositas, las doble, las abracé y las puse en un lugar listas para llevar al hogarcito.

El día que fuimos a dejarlas fue dulce amargo. Tanto a mi esposo como a mi nos costó procesar lo que estábamos presenciando y salimos impresionados, con el recuerdo de sus imborrables caritas en nuestra mente. Cuando regresabamos nos detuvimos por algo de comer y ninguno hablaba mucho. Mi esposo pidió un sandwich y cuando este llegó yo ya no aguantaba mas el silencio. “¿Estas bien?” le pregunté “No” me respondió y de inmediato le empezaron a correr las lágrimas por sus mejillas.

Ahí estábamos los dos, en medio de un restaurante sintiéndonos completamente quebrantados. El día entero fue diferente, estábamos felices de haber podido ayudar pero sintiéndonos incompletos y tristes. El corazón a veces no acepta explicaciones.

Ahora estoy sin mi cicatriz de la cesárea y sin casi toda su ropa, feliz de haber podido ayudar pero con el mismo vacío, no se hizo ni mas grande ni mas pequeño. Es inamovible. Decidido. Innegociable. Quisiera pensar que el vacío de ese niño se puede llenar algún día, que alguien va a adoptarlo y a “reponer” estos meses de soledad, que le queden en el olvido, para nunca mas recordarlos. Si pudiera escoger un regalo esta Navidad ese sería: que aparezca alguien que le pueda abrigar el alma, así como Ilana ha venido a abrigar la mía. Noah y Gael son irremplazables pero que diferencia hace tenerla a ella…