No Sepulté Mi Amor

Mañana es el día.

26 semanas y 4 días de embarazo fue lo que tuve a Noah y Gael conmigo. Mañana Ilana cumple lo mismo. A partir de pasado mañana ella habrá estado conmigo físicamente mas tiempo que ellos. No se siente así. Supongo que porque el amor no tiene fecha de expiración, porque la muerte no acaba con el amor, solo con la vida. Mi amor por ellos se siente como algo viejo, algo que ha crecido adentro de mi durante años, porque así lo es. Siento que llevan mucho de ser una parte de mi, no tan solo 26 semanas.

Que curioso como se corta la vida por completo mientras lo demás sigue vivo y creciendo. Se acomoda bien en el corazón de uno tanto amor, se siente cómodo a pesar del dolor. Y cuando quiero imaginarme que ellos me esperan en algún lugar, en algún otro plano, me pregunto si conocerán el alma de Ilana. El día que me tomé las fotografías del embarazo sucedió algo tan curioso. ¿Suerte? ¿Casualidad? ¿Energía inexplicable para nuestro plano físico? No supe que pensar…

Ya estábamos terminando la sesión cuando decidimos hacer una foto “familiar” y digo “familiar” porque para siempre nuestras fotos familiares estarán incompletas sin Noah y Gael. Nos fotografiaron a Eva, Hiram, Ilana (en la panza) y yo. Luego la fotógrafa sugirió que buscara algo que simbolizara a los gemelos para poder incluirlos en otra imagen. Subí a buscar las fotos de sus últimos ultrasonidos. Encontré las de sus hermosas caritas cuando estaban llenos de vida. Bajé con gran ilusión y algo conmovida de tener la oportunidad de hacer realidad esta fotografía. La fotógrafa sugirió que con la panza descubierta me sentara en el suelo, Eva de un lado e Hiram del otro, y pusiera los ultrasonidos al lado de donde habita su hermanita. Esos ultrasonidos terminaban de completar nuestra foto familiar. Accedí entusiasmada. No había pasado ni dos segundos de poner las imágenes cerca de mi panza cuando Ilana empezó a moverse mucho. Mucho, mucho. Tanto que Hiram, sentado al lado mío, vio como se me estiraba la piel por fuera. Continuó moviéndose mientras tomábamos las fotos. Algunos pensarán que uno está loco. Que confunde casualidades con señales. Que el dolor del corazón busca estas sigularidades como consuelo y no se, a lo mejor.

Yo prefiero pensar que sus almas se conocen, es mucho mas reconfortante.

Y bien, cada uno elige que pensar. Escucha su corazón, o escucha su mente de acuerdo a sus experiencias de vida. Supongo que esto será bien difícil de entender para los que no han caminado este trayecto. Y eso está bien. La mayoría de la gente no tiene porque entender, es más… gracias a Dios no entienden el dolor de perder un hijo. Son inmensamente dichosos de no tener que encontrar el sentido de continuar viviendo sin una parte de su corazón (o como yo: sin dos partes de mi corazón)

En fin mi amor por Ilana crece también, cada día me siento mas y mas conectada con ella. Llegará a sentirse “viejo” también cuando haya crecido y madurado con el tiempo, ahora es inmenso y fuerte, pero nuevo.

La muerte es solo el fin del plano físico, aunque muchos pensarán diferente. Sepulté dos diminutos cuerpos el 8 de enero del 2012. No sepulté mi amor, el nunca morirá.

Gracias a Ilana y a Eva he podido entender un tanto más de como funciona el duelo entremezclado con el amor. Gracias a ellos por dejar dentro de mi tanto amor sembrado que continuará dando frutos con los años ❤ ❤

Fotografía: Tatiana Marín

Fotografía: Tatiana Marín

 

 

Desde Mi Balcón

Esto es lo que pasa en mi balcón. A veces.

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Hay días. Así.

Y no puedo decir que sin buscarlos me aparecen… Porque siempre los estoy buscando.

Es imposible no hacerlo.

Son tan parte de mi.

El otro día los gemelos de mi vecina celebraron su cumpleaños en nuestro patio compartido. Estuve agradecida de verme obligada a salir a hacer vueltas en lugar de tener la tentación de contemplarlos desde mi balcón preguntándome como hubiéramos celebrado los 2 años de Noah y Gael. Preguntas que nunca tendrán respuesta.

Esta semana he hablado de ellos con extraños que no conocen su historia ni la mía, la mayoría me pregunta que si Ilana es mi primer hija o mi primer embarazo y a veces explico. A veces no, depende de la persona y del momento. No los comparto con cualquiera como un tesoro bien guardado. Uno que quisiera lucir siempre en mis brazos. Guardo cierto recelo de las expectativas de como pueden reaccionar los extraños ante algo que simplemente me hace un puño el corazón, algo que me provoca en un segundo dolor físico en el pecho y falta de aire.

A veces la vulnerabilidad es mi armadura. A veces. A veces no la quiero cerca y le huyo como si fuera una tormenta que me persigue. Tanto dolor que quisiera me fuese desconocido.

A veces la ira es la que se convierte en mi armadura, se me hace necesario aceptarlo porque es la realidad. Quisiera que desapareciera esa etapa del duelo, ese enojo que nunca toca fondo. Se asoma en cualquier momento y me veo atrapada en su calor.

Sin salida.

Llevo semanas sin sentarme a escribir porque me desgasta tanto emocionalmente el proceso, y a la vez lo necesito tanto para de alguna manera sacar de adentro y limpiar un poco el alma. Es como desalmacenar lo que lleva rato de estar empozado.

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Es como seguirlos buscando con algo de paz, con algo de la cotidianidad. En todas partes, en todo momento, por todos lados.

Y siempre en mi lugar favorito, nuestro balcón ❤ ❤