El Amor que Abraza al Dolor

Hoy fue un día completamente normal. Hasta que llegaron las 5 de la tarde. Terminé de dar clases y estaba una mamá con su hijo pequeño en la academia. Me pareció que tendría una edad parecida a la que tendrían Noah y Gael si estuvieran vivos, así que le pregunto a la mamá que cuantos años tiene y ella me responde. No me equivoco, es 4 meses menor de lo que serían ellos.

No puedo dejar de verlo, ni dejar de imaginarme como serían los míos: su tamaño, sus piecitos, sus diminutas manitas. Lo veo correr y jugar, me parece un milagro inexplicable. Lo veo sonreírle a su mamá. Les veo la conexión en los ojos, como se hablan sin necesidad de palabras. El niño luego me sonríe y me mira a los ojos a mi, con esa pureza e inocencia que solo es característica en ellos. Me pregunto como olerá de cerca, si aun a bebé o ya más a niño… inmediatamente me ruego a mi misma dejar de torturarme mientras su mamá me cuenta de sus malas noches. Me pregunto que pensará de las mías si las conociera.

Se me escapan un par de lágrimas así que me voy a un salón a ver a las alumnas bailar. Necesito distraerme. Cuando cerramos la academia mi esposo me propone ir a cenar y yo accedo. Después de un rato de no saber que preferimos comer, decidimos ir a un restaurante mexicano. Hay música y gente feliz a nuestro alrededor. Es viernes en la noche y se siente una energía especial en el ambiente. Me siento frente a Hiram y supongo que no puedo esconder mi tristeza, mucho menos con alguien que me conoce hace 15 años.

“¿Estas bien?” me pregunta.

“No” le respondo.

Se le escapa una risa. “Porque te reís?” le pregunto.

“Por el contraste. El lugar tan feliz, nuestra cena juntos y vos triste.” Hace una pequeña pausa antes de continuar “No digo que sea malo ni feo, es solo la historia que nos tocó vivir. A veces, alguno de los dos estará triste.”

Sus palabras fueron como bálsamo a mi corazón.

Eran justo lo que necesitaba escuchar. Pudieron haber sido tan diferentes.

“Ya han pasado 2 años…” “Este no es el momento ni el lugar para estar así…” “Que pereza que hoy que salimos estés triste…”

No se como lo ha logrado Hiram, pero me ha respetado el proceso de duelo como solo un puño de personas lo han sabido hacer. Nunca ha tratado de apurarlo ni de hacerlo mas lento. Me permite la risa, me permite la tristeza, me permite el enojo, el dolor, la alegría, los recuerdos. Me permite mencionar sus nombres sin que sea visible su incomodidad si decido mencionarlos. No trata de arreglar lo inarreglable. No le pone “curitas” a mi dolor. Simplemente le permite ser lo que es cuando es. 

Una sabiduría inexplicable que agradezco tener a mi lado cada día.

En las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en el duelo.
Dure lo que dure el amor.
La eternidad completa si fuera necesario.

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Un comentario en “El Amor que Abraza al Dolor

  1. Me encantó esta lectura!!! Aveces sucede ese escenario,pero gracias a Dios que contamos con un esposo, un amigo, que nos brinda su comprensión y apoyo. En las buenas y en las malas, que se agradece cada día, como dices :o)

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